25 de febrero de 2018

Una bendición que dura para siempre.

Lectura bíblica: Efesios 1:3.

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Cuando Pablo escribió la carta a los Efesios se encontraba preso, pero nunca se le escuchó quejarse ni lo más mínimo. En lugar de eso trabajó para ser de bendición a las iglesias de la época y aún sigue siendo de bendición para los cristianos de hoy en día.

A veces la esencia del perfume más fragante se consigue por medio de la presión. La calidad del cristiano se demuestra cuando vienen las dificultades, y eso no es algo que nos viene de fábrica; cuando conocemos al Señor eso no lo tenemos todavía, es un proceso que debemos ir aprendiendo poco a poco (Filipenses 4:11). Era algo que Pablo no sabía pero que lo fue aprendiendo.

Las bendiciones no tienen que ver con que las cosas nos vayan bien, sino con que al final todo acabará bien para mí. La paz de Dios, que es el resultado de la gracia de Dios, de ese favor inmerecido que Dios nos ha dado, es el resultado de estar seguro de saber que, a pesar de que actualmente las circunstancias me son desfavorables, al final todo acabará bien para mí, y eso es independiente de las circunstancias. (Efesios 1:3).

Es en la medida en que permanecemos en Cristo, en que nos agarramos a él, que somos bendecidos. Hemos sido escogidos por Dios a través de Cristo. Cuando lo que tú eliges coincide con lo que Dios ha elegido, ahí es cuando sintonizamos con la voluntad de Dios y recibimos la bendición. Dios escogió a Cristo para ser un canal de bendición. Todo aquel que esté en Cristo, que se identifique con él y con lo que vino a hacer, es bendecido.

Dios es un Dios de verdades absolutas, pero en nuestra vida damos vueltas a las cosas, intentamos compatibilizar la verdad de Dios con nuestra verdad, pero la verdad de Dios no convive con la nuestra. Estar en Cristo tiene que ver con despojarnos de nuestra verdad, y dejar que la verdad de Dios gobierne nuestra vida. Por eso dice que Dios nos escogió santos, sin mancha delante de Él.

¿Quieres recibir y sentir la bendición de Dios? Tienes que adoptar SU verdad. La bendición de Dios la recibiremos cuando dejemos espacio a que SU verdad transforme nuestra vida y no dejemos lugar a nuestra propia verdad.

El cristiano tiene que vivir una vida en la que se lleve a cabo las verdades absolutas de Dios. Para Él no hay verdades a medias o relativas. Lo que no está bien, está mal. Y esa es la única manera de disfrutar de la bendición de Dios.

Lo que somos lo determina lo que hacemos. Ser cristiano no es lo que dices que eres, sino lo que demuestras que eres a lo largo de tu vida. El cristiano vive en santidad, sabiendo que tiene los pies en la tierra y la cabeza en los cielos, y que somos responsables delante de Dios de las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Así que desecha aquello que no es la voluntad de Dios. Si tienes que poner algo en orden, ponlo porque es un obstáculo para disfrutar de las bendiciones de Dios.

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