16 de julio de 2016

Zaqueo, historia de un nuevo nacimiento

Lectura bíblica: Lucas 19:1-10

En periodo de elecciones todos los partidos políticos hablan de cambio. Por lo visto las cosas nunca están bien, porque los políticos de todos los colores siempre están hablando de que hay que cambiar las cosas, y aunque haya un gobierno nuevo, a las siguientes elecciones vuelven a hablar de que hay que cambiar...

Muchos de ellos, por no decir todos, cuando llegan al poder acaban dejando las cosas igual o peor de como estaban cuando llegaron, y ese cambio que vendían se convierte en nada, con el lógico enfado de la gente que los votó.

Hoy vamos a ver la historia de una auténtica conversión, la de Zaqueo. Alguien que de verdad cambió su vida por completo. De ser lo peor de la sociedad, pasó a recibir a Jesús en su corazón y en su casa. También vamos a ver cómo pudo ser posible, y qué podemos aprender para aplicarlo en nuestra propia vida.

¿QUIÉNES ERAN LOS PUBLICANOS?

Zaqueo era publicano, un recaudador de impuestos. Los publicanos eran lo peor de lo peor en su época. Los judíos los consideraban unos traidores y los pecadores de la clase más baja que existían. Y la razón por la que pensaban esto era lógica:

Los publicanos eran judíos contratados por los romanos para recaudar impuestos a otros judíos. Es decir, eran los encargados de quitar el dinero a sus hermanos, para entregárselo a un pueblo invasor y que oprimía a sus vecinos.

No se conformaban con eso, sino que además recaudaban más de lo que debían robando al pueblo. Un poco antes de llegar a Jericó, se acercaron a Jesús unos publicanos y le preguntaron qué podían hacer. Vemos la respuesta en Lucas 3:12-13: 

"Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?; El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado."

Por ejemplo, si tenían que entregar dos denarios a los romanos, recaudaban cuatro: dos para los romanos y dos para ellos, además del sueldo que recibían de los romanos. De esta forma un publicano podía hacerse muy rico aprovechándose de que la gente nunca se atrevería a protestar porque se arriesgaba a que los romanos los mataran.

Por tanto, es normal que los judíos los consideraran los pecadores más grandes. Zaqueo no sólo era publicano, sino que además era el jefe de todos ellos en la ciudad de Jericó. Por tanto, sería considerado por sus vecinos como doblemente despreciable.

Era alguien que, aunque estuviera muy mal visto por la gente, materialmente tenía de todo: era joven y rico, con un futuro asegurado, aparentemente sin problemas.

Pero en su corazón había inquietudes, había algo que no le permitía vivir en completa paz. 

Él se dio cuenta de que lo que estaba haciendo como publicano estaba mal, y decidió que su vida necesitaba un cambio, así que se puso manos a la obra:

"Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado." V. 8.

Su comportamiento cambió, no era un publicano normal y corriente. Pero aún así la gente seguía considerándolo como sucio e indigno.

¿CUÁL ERA LA ESCENA?

Él había oído hablar de Jesús pero nunca le había visto en persona. Ese era su gran deseo, y ahora que sabía que el Señor iba a pasar por la ciudad, no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad al menos de verle.

Podemos imaginar una calle de Jericó llena de gente, delante de él, tapándole la vista y haciéndole imposible cumplir su deseo de ver a Jesús. Pero Zaqueo vio un árbol sicómoro, algo parecido a una higuera, y se subió a él para desde arriba poder por lo menos ver al Señor aunque fuera a lo lejos.

Y cuál fue su sorpresa que, cuando estaba allí arriba, no sólo vio a Jesucristo, sino que se fijó en él, se le acercó y le dijo: "Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa".

Podemos imaginar también cuál sería la sorpresa de todos aquellos judíos, que conocían y despreciaban a Zaqueo porque lo consideraban seguramente el mayor pecador de Jericó, esos judíos que nunca dirigirían la palabra a alguien tan sucio y despreciable, de ver que Jesús se acercaba a él y además le pedía ir a comer a su casa (v. 7).

El Señor estaba dando una gran lección a toda aquella gente que seguro que se consideraba mejor persona y mucho menos pecador que aquel pequeño y joven publicano.

¿QUÉ CLASE DE PERSONAS HABÍA EN EL LUGAR?

Allí había mucha gente, cada uno con sus propios intereses:

  • Los fariseos y doctores de la ley observaban a Jesús tratando de encontrar alguna falta en él para echársela en cara y quitarle autoridad.
  • Mucha gente observaba por simple curiosidad o buscando ser sanado de alguna enfermedad.
  • Otros acudían esperando recibir alguna enseñanza moral de Jesús porque pensaban que era un simple maestro más.
La gente había dado de lado a Zaqueo; le consideraban sucio y que no era digno de relacionarse con "las personas buenas". Le veían un caso perdido y ya le habían condenado para siempre. ¿Cómo iban a juntarse con alguien tan malo?

Pero Jesús miró donde nadie podía ni quería mirar: en el corazón de Zaqueo; y vio que ese pecador tenía un auténtico deseo de conocerle, un anhelo por aprender y cambiar su vida. Por eso se le acercó y quiso entrar en su casa.

Aquí tenemos una gran lección de parte de nuestro Dios:

NO HAY NADIE TAN MALO QUE NO PUEDA SER PERDONADO.

Dice El Señor que "si tus pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos" (Isaías 1:18).

No hay nadie sin remedio, Dios puede perdonarte, puede perdonarme, Él quiere cambiar vidas, sólo hace falta que queramos que él nos cambie. Él nos llama, sólo tenemos que responder.

La respuesta de Zaqueo a ese llamamiento de Jesús no se hizo esperar: en seguida bajó del árbol y acudió al lado de Jesús abriéndole las puertas de su casa.

La actitud de Zaqueo llevó a su vida el gozo, pero antes tuvo que seguir un proceso:

1º Reconoció que su vida no estaba bien.

2º Reconoció que era pecador, y se arrepintió.

2º Quiso cambiar, supo que necesitaba ayuda y buscó a Jesucristo.

3º Respondió al llamado de Jesús y le abrió las puertas, no sólo de su casa, también de su corazón.

LA HISTORIA DE ALGUIEN TAN PARECIDO...PERO TAN DIFERENTE.

Esto recuerda la historia de otra persona que se parecía mucho a Zaqueo (Mateo 19:16-23). Era joven, también rico, y se acercó a Jesús para verle, también pudo hablar con él. 

Aparentemente parecía mejor persona que Zaqueo, pero era alguien que seguía a rajatabla los mandamientos, que cumplía con los rituales y costumbres de la ley, y que seguramente sería bien visto por el pueblo. Pero cuando Jesús le dijo lo que tenía que hacer, no le hizo caso.

Este joven no quiso renunciar a su dinero. Para él El Señor no era lo más importante, pesaba más su dinero. Y el resultado de su decisión...se fue triste.

Jesucristo no quería que este joven renunciara a su dinero, más bien quería que el dinero no fuera lo primero en su vida. Era una persona cuyo dios era el dinero, algo que lo controlaba. Y no estuvo dispuesto a Dios como el número uno. 

Fijaros la diferencia:
  • Zaqueo y su casa recibieron la salvación y el gozo.
  • El joven rico se marchó triste.
La diferencia entre ambos fue una decisión, sólo una decisión.

Hay algo más que podemos aprender de estas dos historias:

NO HAY NADIE TAN BUENO QUE NO NECESITE EL PERDÓN.

Muchas veces he hablado con amigos y familia que dicen que no necesitan que Dios les perdone nada, que ellos son buena gente y no han hecho nada malo.

Seguramente esto mismo pensaba la multitud de judíos que había ido a ver a Jesús. Ellos cumplían la ley, no eran como ese publicano malo, traidor y ladrón, eran mucho mejores. ¿Por qué iban a pedir perdón, por qué iban a tener que cambiar nada en sus vidas?

Pero Cristo no se fijó en ninguno de esos judíos "buenos". Se fijó en Zaqueo. O mejor dicho, se fijó en el corazón de Zaqueo. En su interior había un auténtico deseo de llegar a Dios.

Zaqueo se tuvo que enfrentar a muchos obstáculos, no sólo a una multitud que no le dejaba ver a Jesús, sino a un pueblo que lo veía como un pecador sin remedio y un traidor, y a una forma de vida propia de los publicanos. No le importó; para él lo primero fue atender la llamada de Jesús. Subió al árbol sin saber si quiera si llegaría a ver al Señor de lejos...y bajó de él gozoso, sabiendo que El Señor comería en su casa.

Creo que es momento de hacer una pregunta que puede cambiar tu vida y la mía.

¿CUÁL ES TU MOTIVACIÓN PARA ACERCARTE A JESÚS?

¿Lo haces por ver si encuentras alguna contradicción en la Biblia y echárselo en cara a alguien? ¿Lo haces por curiosidad? ¿Por ver si de alguna forma te hace sentir mejor emocionalmente?...¿O lo haces como Zaqueo, con verdadero deseo de recibir al Señor en tu corazón?

Él recibió mucho más de lo que esperaba. Y aquí me acuerdo de una promesa que hizo El Señor al profeta Jeremías, y que yo hago como mía: 

"Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces" (Jeremías 33:3).

El cambio de Zaqueo no fue como el que prometen los políticos. Fue borrón y cuenta nueva. Dios le hizo nueva criatura. Empezó con él desde cero. Sus pecados fueron borrados, su ser por completo renovado.

Hoy en día mucha gente con problemas emocionales y otros problemas en su vida, acude a cualquiera que le pueda dar un poco de ayuda. Los libros de autoayuda son los más vendidos del mundo. El otro día me llamó la atención uno que vi en El Corte Inglés que se titula "El secreto de la felicidad". Otro me llamó todavía más la atención, decía "Retírese joven y rico".

Pero todo esto son parches que no sirven de mucho, por no decir que no sirven de nada.

Cristo no sólo ofrece la puerta hacia la vida, sino que él es LA PUERTA, y él es LA VIDA. No es un maestro, es EL MAESTRO. No es un dios, es DIOS con mayúscula. No es un camino más, es EL CAMINO.

Él no pone parches en una vida con problemas. Él nos hace de nuevo, nuevas criaturas limpias con su sangre.

Dios siempre responde a quien le busca con auténtico deseo. Y una vida sin sentido, él la convierte en una vida con propósito.

E.E.S.

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