15 de junio de 2014

Una buena cosecha


Cuando era niño, veía a mi padre y a sus hermanos sembrar trigo y cebada en el campo, y yo imitándoles en una acequia al lado de la casa sembraba semillas, que llevaba en la mano; las iba poniendo bien en línea y separadas para que quedase un buen trozo sembrado.

No entendía cómo se les vaciaban tan rápido los macutos para esparcir que llevaban los que sembraban, si yo con un puñado había sembrado un cuadrado de un paso de lado.

Volvimos en verano, y mi terreno sólo tenía una o dos espigas, mientras que lo que habían sembrado mi padre y sus hermanos tenía tantas que no podía poner el pie sin pisar alguna espiga. Cuando se recogió todo el grano, vi que de todos los sacos que se tiraron en el campo, se cosechó muchísimo más.

El día que se sembró toda la familia estaba reunida, las madres hacían comida y al finalizar todos estábamos contentos y alegres. Pero más contentos se pusieron cuando se recogía el grano en los sacos para guardarlos o venderlos.

Por eso entiendo lo que Pablo quiere enseñar en este pasaje, y siempre he procurado el dar con alegría sabiendo que Dios no es deudor de nadie y recordando la promesa de Lucas 6:38:

"Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir".

Según damos Dios nos provee, quizá no con cosas materiales, pero sí con lo que necesitamos en cada momento de nuestras vidas, y el compromiso de este servicio glorifica a Dios y es obediencia al evangelio de Cristo y también abunda en muchas acciones de gracias a Dios. Como dice en 2ª de Corintios 9:10-13:

"Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.
Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración (por la experiencia de dar) glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo".

Yo he tenido que dar gracias a Dios por todas las cosas que me ha dado, y por la oportunidad de poder dar para su obra y para el ministerio en su iglesia. Porque lo que aquí tengo aquí se queda, pero la herencia que Dios me da es eterna.

RGR

0 comentarios: