26 de octubre de 2013

Tanto esfuerzo sólo por uno

"Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.
Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?
Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos.
Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos.
El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.
Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.
Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos". Mateo 8:28-34.

Esta misma historia es narrada en Marcos 5:1-20. Sin embargo, aquí habla sólo de un endemoniado, mientras Mateo habla de dos. No quiere decir que los dos evangelios se contradigan, simplemente Marcos se centra en uno de ellos. ¿Por qué hizo eso? La razón es muy sencilla: de los dos sólo uno quiso seguir a Jesús como discípulo; el otro se marchó sin más.

En Marcos se nos da más detalles acerca de este hombre agradecido. Jesús le dijo que no fuera tras él, sino que en lugar de eso se dedicara a contar a los de su pueblo las maravillas que Dios había hecho con él, y la misericordia que había tenido de él. Y así lo hizo:

"Al entrar en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él.
Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban". Marcos 5:18-20.

Sin embargo, a pesar de la maravilla que Jesús había hecho, y el peso del que había librado a la ciudad, porque los endemoniados atemorizaban al pueblo y les impedía hacer una vida normal, todos los habitantes de aquel lugar salieron al encuentro del Señor para pedirle que se marchara.

En aquel día Jesús vio lo desagradecido que puede llegar a ser el ser humano. Incluso de los dos endemoniados, sólo uno quiso seguirle y anunciar lo que había hecho.

Jesucristo se vio rodeado de una gran multitud en la otra orilla del mar, tanto que tuvo que subirse a una barca para poder predicar porque le estaban apretando. Luego cruzó el mar con esa barca y en mitad del viaje pasó por una gran tormenta. Una vez en Gadara se encontró con esos dos endemoniados y sólo uno creyó en él.

¿Tanto esfuerzo por una sola persona? Esto nos da una gran lección. Dios se preocupa de las personas. Él no salva iglesias, salva personas. Y no le importa cuán grande sea el esfuerzo, si con ello va a salvar aunque sea sólo a uno.

¿Qué mayor esfuerzo que dar su vida crucificado y azotado, siendo inocente? Él se merece que le aceptemos en el corazón y seamos sus discípulos.

¿Somos de los agradecidos que le siguen, o de los que le piden que se marche?

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