31 de mayo de 2013

Una transformación sorprendente.

"Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más;
circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, en cuanto a la ley, fariseo; 
en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo".
Filipenses 3:4-8.

El apóstol Pablo es la mejor prueba de que Dios hace milagros en las personas, y es capaz de transformar el corazón más perdido en un alma santa y entregada a él. Fue una persona educada en la más conservadora tradición judía, y dedicó sus esfuerzos a perseguir y eliminar a los cristianos, aquellos que consideraba herejes.

Él era fariseo y además de familia de fariseos, con un gran conocimiento de la ley e incluso llegó a ser alguien muy influyente que tomó la responsabilidad de perseguir y destruir a la iglesia. Sin embargo, El Señor entró en su vida, cambió su forma de vivir y de pensar, le dio un corazón nuevo y le convirtió en apóstol de aquel a quien perseguía y él mismo pasó a ser perseguido. 

Aquí nos damos cuenta de lo grande que es El Señor. Nada ni nadie puede impedir que cumpla con sus propósitos, e incluso utiliza a aquellos que se le oponen para mostrarnos su poder y afirmarnos en la fe.

Nuestros valores han sido cambiados por Cristo Jesús. Muchas veces los cristianos chocamos con este mundo porque valoramos de diferente forma las cosas. Cuántas veces se habrán reído de nosotros o habremos tenido desavenencias con nuestra familia...

Pero si por causa del Evangelio tenemos problemas no debemos desanimarnos, sino sentirnos gozosos, porque amar y conocer cada día más a nuestro Señor Jesucristo, aquel que tuvo el amor suficiente para morir por nuestros pecados y luego el poder para vencer a la muerte y resucitar, es lo máximo. El apóstol Pablo continúa diciendo:

"Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo." Filipenses 2:8.

Es difícil dejar atrás algo a lo que estamos habituados. Pero es importante que examinemos nuestro corazón, tal como hizo Pablo, para ver si estamos mirando a Dios o por el contrario le estamos dando la espalda.

La tradición, la costumbre, incluso pertenecer a una iglesia, no nos da la salvación. Esa salvación viene por una decisión y una relación que se tiene que tomar de forma personal con Cristo después de haber tenido fe en él. Ha llegado el momento de valorar ese amor que tuvo para con nosotros, y decir a Jesucristo "eres mi Señor".

Bendiciones.

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