13 de febrero de 2013

Una cosa sé

Lectura bíblica: Juan 9:1-12.

Aquí tenemos una bella historia de un hombre ciego de nacimiento, sin esperanza en la vida por culpa de su ceguera, destinado a pedir limosna hasta el final de sus días, hasta que Cristo se cruzó en su camino y todo cambió radicalmente. 

Os invito a meditar en las actitudes de tres tipos de personas que aparecen en esta historia, y ver en cuál de ellas encajaríamos nosotros.

LOS PADRES DEL CIEGO (Juan 9:19-23). Los fariseos les llamaron para preguntarles sobre lo sucedido. Ellos sabían perfectamente que Dios había hecho un milagro en la vida de su hijo, pero aún así prefirieron callarse y "escurrir el bulto" diciéndoles que preguntaran a su hijo. 

Tenían miedo de ser expulsados de la sinagoga y decidieron callar. Conservaron su posición cómoda dentro de la sociedad, pero perdieron algo mucho más importante: la vida eterna. Ser cristiano hoy en día tampoco es fácil, se reirán y hablarán mal de nosotros, en otros lugares los hermanos incluso de juegan la vida, pero merece la pena (Romanos 1:16-17). Dios quiere que seamos valientes primero para creer en él, y luego para ser testigos de él, porque el Evangelio es un mensaje de poder. 

EL CIEGO. Llama mucho la atención el cambio que hubo poco a poco en esta persona. Al principio estaba pidiendo limosna como era su costumbre, Jesucristo pasó por allí pero él no se acerca sino que es El Señor quien toma la iniciativa y se fija en él (Juan 9:1). 

Después de ser sanado, este hombre empieza a cambiar y ahora reconocía que Jesucristo era alguien enviado por Dios (versículos 17, 25 y 33), pero aún no le reconoce como el Mesías. Pero él tiene inquietud en su corazón, y cuando Jesucristo vuelve a verle después de que le expulsaran de la sinagoga, acaba reconociéndolo como el Mesías y le adora (versículos 35-39). 

Una persona ignorada, menospreciada, marginada, acaba siendo el centro de atención de todo el pueblo e incluso enseñando a los mismos doctores de la Ley, dando testimonio de la obra de Jesús (versículo 34). 

Hoy en día el Evangelio sigue transformando a personas, la mayoría de nosotros ya fuimos cambiados un día cuando igual que el ciego dijimos "creo, Señor" y adoramos. En unos el cambio fue más espectacular que en otros, pero todos los creyentes pasamos de muerte a vida, de ciegos a testigos, y esto es un milagro que sólo Jesucristo puede hacer. 

LOS FARISEOS. Se sabían la Ley de memoria, hasta el más mínimo detalle, y se esforzaban por cumplirla y hacerla cumplir. Sin embargo no les sirvió de nada porque tenían delante de ellos al Hijo de Dios haciendo milagros y no se dieron cuenta, o no quisieron darse cuenta. Escucharon el testimonio de un hombre sencillo que había sido cambiado por Dios, pero cerraron sus oídos y se condenaron junto con sus costumbres. 

Ellos llamaron al ciego para interrogarle pero lo hicieron ya con sus ideas preconcebidas que les convertían en ciegos espirituales (v. 24). Preguntaban una y otra vez lo mismo, porque la respuesta que escuchaban no les gustaba (v. 27). Ni siquiera reconocían lo evidente, que esta persona era ciega y fue sanada (versículo 18). Incluso llegan a insultar al hombre sanado llamándole discípulo de Jesús (versículos 28-30). Increíble. 

¡Menudo insulto! Lo que para el incrédulo es un insulto para el creyente es una bendición. Que no nos importe cuando por causa del Evangelio nos rechacen, es normal, lleva dos mil años ocurriendo, más bien sintámonos bienaventurados (Mateo 5:11-12). 

Como dice la canción, separados del Señor no somos nada. Sin embargo, Cristo es capaz de transformar ciegos espirituales en testigos (1ª Corintios 1:26-27). Él igual que con este ciego ha tomado la iniciativa y se ha acercado a nosotros, nos ha dado su Palabra para que sepamos el camino correcto. 

La obra de Dios y el Evangelio llama la atención de las personas porque su mensaje de amor es muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en este mundo, pero lo importante no es si nos sorprende o no, es si realmente creemos en la Palabra Dios dejando que Cristo sea nuestro Señor o por el contrario continuamos en incredulidad. 

Muchos se acercan a la iglesia o a una actividad en la calle por curiosidad. Otros para ver en qué nos equivocamos, otros simplemente para reírse de nosotros que estamos perdiendo el tiempo hablando de un Dios que ni existe. Nosotros somos enviados por Dios a todas estas personas, no hace falta ser misionero para ello. 

Los fariseos querían saber tres cosas: Quién hizo el milagro, cómo lo hizo y dónde estaba (versículos 10-12). Como cristianos debemos también dar testimonio para que la gente tenga el mismo deseo que estos fariseos, pero que busquen a Jesús para salvación. 

El Evangelio es sencillo, no hay que complicarse como aquellos fariseos. El hombre se lo dijo bien claro y claros debemos ser los creyentes: UNA COSA SÉ, QUE HABIENDO YO SIDO CIEGO, AHORA VEO. Amén.

0 comentarios: