27 de enero de 2013

Jesús, causa de división.

Lectura bíblica: Mateo 10:34-39

El hecho de que Jesucristo diga que ha venido a este mundo para traer división parece una contradicción con el  mensaje de paz, de buenas noticias, y de alegría del Evangelio. Pero hoy veremos que no hay ninguna contradicción.

Todo esto implica una gran bendición pero al mismo tiempo necesita que renunciemos a algunas cosas, y aquí llega el momento en el que comprendemos por qué Jesucristo nos dice que viene a causar división. 

Dice en el versículo 34 que el mensaje de Jesús va a traer espada a la tierra. En Lucas 12:49 dice que viene a traer fuego. Si vemos la historia del cristianismo a través de los siglos nos damos cuenta de que esto ha sido una realidad. La iglesia ha sido perseguida y los creyentes desde Estéban hasta los días de hoy en algunos países están siendo encarcelados, maltratados y muertos por el nombre de Jesús. 

El Señor mismo causó algunas veces división entre los judíos cuando llevaba a cabo su ministerio.

"Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo". Juan 7:12.

Algunos decían que era malo, otros que era bueno, unos que era enviado de Satanás, otros que un profeta, y una minoría creía en él como el verdadero Hijo de Dios. En Juan 7:42-43 el pueblo se dividió entre los que creían que el Mesías y los que pensaban que era un farsante.

También en Juan 9:16 vemos que incluso entre los fariseos, que tenían un gran conocimiento de la Ley, había división sobre quién era Jesús y si su mensaje era verdadero o no. Otro ejemplo lo tenemos en Juan 10:17-19 cuando es sanado un ciego de nacimiento y Jesucristo dice que lo ha hecho porque es hijo de Dios y tiene autoridad para ello. 

Podíamos seguir mirando ejemplos de división por causa del Evangelio porque hay muchos en la Palabra. Pero creo que es importante que nos hagamos una pregunta: ¿Cuál es el motivo para que un mensaje de paz y salvación provoque división, cuando lo que debería provocar es alegría y agradecimiento? La respuesta se puede resumir en dos palabras: El pecado. 

Hace dos mil años rechazaron al Señor cuando proclamó que era el hijo de Dios, hasta el punto de que llegaron a matarle azotándole, despreciándole, escupiéndole a la cara y al final crucificándole. Esto no lo hicieron los judíos y los romanos porque fueran peores que nadie, sino que hoy en día después de veinte siglos la gente sigue rechazando el mensaje de salvación. 

Un creyente va a tener división en su casa si su esposa o esposo no son cristianos. Los que habéis vivido esto sabéis lo difícil que es y los roces que hay cuando llega la hora de venir al culto y él o ella quieren dedicar el domingo a otra cosa. También hay división con nuestra familia cuando participan de celebraciones que van en contra de la Palabra y somos los únicos que no vamos, incluso cuando acaban enfadándose con nosotros por no haber ido. 

Hay división con nuestros hijos cuando intentamos darles una educación cristiana y ellos prefieren vivir a su aire, no viniendo a la iglesia y mezclándose con el mundo. También con nuestros compañeros de trabajo o de estudios, cuando se burlan de nosotros si les hablamos de la Palabra. Ahora si volvemos a leer Mateo 10:34-36 comprenderemos mejor por qué dijo esto Jesús. 

Nuestra naturaleza tiende a darle la espalda a las cosas de Dios, y por eso una persona convertida es un milagro. Porque es la prueba de que Dios tiene poder para transformar lo más profundo del corazón. Hubo personas que dijeron ser creyentes, incluso que se acercaron a Jesucristo para escucharle y adorarle, pero que no estuvieron dispuestos a dejar a un lado algún aspecto de su vida anterior. Por ejemplo el joven rico de Mateo 19:21-22. 

Ahora Jesucristo quiere que le sigamos renunciando por completo a nuestra antigua manera de vivir, aunque esto implique división con nuestros seres más queridos. El auténtico discípulo renuncia a todo por Cristo (Mateo 10:37-38). 

Él no quiere que dejemos a nuestras familias y tampoco que abandonemos a nuestras mujeres o maridos, pero sí que demanda que en nuestro corazón sea su santo nombre lo más grande e importante. Si lo hacemos Él nos va a bendecir tanto a nosotros mismos como a nuestra propia casa. 

Si aún no has conocido a Dios, debes saber que Él está esperando con los brazos abiertos a todo aquel que desee aceptarle. Ser cristiano no significa dejar de disfrutar de la vida, todo lo contrario, porque afrontamos el futuro con una paz que el mundo no tiene, sabiendo que en su día nos veremos cara a cara con El Padre celestial, y allí estará Jesucristo para decir que murió por nosotros, y entonces Él nos recompensará en público dándonos la entrada al cielo. Amén

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