29 de noviembre de 2012

Cómo lograr que nos guste hacer la voluntad de Dios

Hablando sobre cómo hacer la voluntad de Dios, hemos dejado lo más difícil para el final. Porque podemos llegar a conocer la voluntad de Dios e incluso hacerla y sin embargo fallar en algo esencial, fallar en nuestros sentimientos. Y es que Dios no demanda de nosotros sólo que hagamos su voluntad, sino que nos agrade hacer su voluntad.


Salmo 40:8 “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado. Y tu ley está en medio de mi corazón. 


No se puede hacer la voluntad de Dios a regañadientes o por obligación. Debe surgir del más firme convencimiento interior de que no sólo es lo que agrada a Dios, sino que es lo que más nos agrada a nosotros, lo cual es mucho más difícil. No es lo mismo esforzarse por hacer algo, que esforzarse por sentir algo. Esto no se consigue, sino con un conocimiento seguro y consistente de que la regla de Dios es la mejor guía para nuestras vidas, que su “ley está en medio de mi corazón” hasta el punto de que nos agrade cumplir su ley, sea lo que sea que esta demande de nosotros”. 

El Señor Jesucristo dijo respecto de su obediencia a la voluntad del Padre en Juan 8:29 “yo hago siempre lo que le agrada”. Esto que parecería un objetivo hermoso y digno, es también muy exigente. Mt 26:42 “Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. 

Hay tres formas de vivir la vida. La primera es vivir como camarón dormido. Esta persona se deja llevar por la corriente de la vida. No sabe a dónde va, simplemente deja que las circunstancias determinen qué le sucede. No tiene metas, no tiene planes, no tiene objetivos en la vida. Su lema es que lo que ha de ser, será. 

La segunda forma es algo mejor, pero aún no es ideal. Esta es la persona que tiene metas personales. Ha considerado sus habilidades, sus deseos y sus posibilidades, y ha puesto metas para poder superarse. Sabe a dónde va, y sabe cómo va a llegar. Tiene su vida planeada. 

Sin embargo, si nos ponemos a pensar, estas metas generalmente se relacionan con este mundo. Esta persona quiere lograr cierto nivel educacional, alcanzar cierto punto en su carrera, llegar a tener ciertos bienes y cierto estilo de vida. 

La Palabra de Dios nos dice que el mundo se acaba:“el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1ª Juan 2:17).

Todas las cosas más atractivas de este mundo 1ª Juan 2:16 definen los deseos del mundo: la satisfacción física, el deseo de tener posesiones y el afán por alcanzar cierta posición. Todo esto es pasajero. Esta persona que tiene su vida planeada se parece al niño que construye barquitas de arena en la playa. Se pueden lograr cosas espectaculares, pero vendrá una ola que las destruirá - y pasarán a la nada. 

Si queremos que nuestra vida tenga un propósito y un significado que van más allá de la muerte, entonces la tercera opción es la única que satisface. Ésta es la opción de hacer la voluntad de Dios, y no la voluntad propia. Si buscamos hacer la voluntad de Dios, lograremos algo eterno. 

Si conoces la voluntad de Dios, si haces la voluntad de Dios, porque confías que es lo mejor para ti y además lo haces con agrado, el allanará tus sendas. Él te abrirá el camino. Estarás en su mano, y tu vida tendrá valor eterno. No te conformes con menos que la voluntad de Dios. Bendiciones.

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