17 de noviembre de 2012

Aprender a hacer la voluntad de Dios

Hace unos días hablábamos sobre la importancia de conocer la voluntad de Dios. Pero si conocemos la voluntad de Dios, es decir, lo que debemos hacer y no lo hacemos, entonces no estamos cumpliendo el plan de Dios para nosotros y ese conocimiento no servirá para nada más que para acusarnos de desobediencia. 

Mateo 12:50 dice: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre. Y el Salmo 143:10: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”.

No es posible conseguir intimidad completa y verdadera con el Padre, si no buscamos el hacer su voluntad en todas las áreas de la vida. Si queremos que esto se vuelva realidad en nuestras vidas, tenemos que desear la voluntad de Dios. Si no estamos interesados en conocer la voluntad de Dios, no podremos hacerla. 

A veces el mayor obstáculo para hacer la voluntad de Dios es que somos tan precavidos, tan prudentes, que no nos fiamos de Él. Proverbios 3:5-6 te hace una gran promesa: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas”. Prueba a confiar en el Señor, verás que es mejor apoyarse en él que en nuestra propia prudencia. 

La voluntad de Dios no se puede enseñar, hay que experimentarla, como enseña Jesucristo en  Juan 7:17: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta”.

Vivir la voluntad de Dios no es algo mágico. No se trata de impresiones o de señales milagrosas. Se trata de conjugar la mano divina de Dios que nos guía y nuestra responsabilidad de dejarnos guiar por Él. 

Filipenses 2:12-13 “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. 

Por un lado, se nos llama a ocuparnos en nuestra salvación. Esto implica que procuremos obedecer las normas divinas, que estemos dispuestos a sacrificar nuestros deseos cuando sea necesario por servir al Señor.

Dios quiere, en otras palabras, que busquemos formas de vivir la salvación que Dios nos ha dado mediante la fe. Eso es hacer su voluntad. No es tanto cuestión de buscar dirección misteriosa mediante sueños, impresiones o señales, sino de perseverar en la oración, tomar decisiones bien pensadas y desear ante todo agradar al Señor. 

Esto envuelve usar la mente que Dios nos ha dado. La fe bíblica no es una fe irracional. Dios nos ha dado el cerebro para usarlo. Debemos de considerar nuestras decisiones.

Proverbios 21:5 dice: "Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza”. 

Muchas veces buscamos que Dios nos guíe de una forma mística porque somos perezosos. No queremos hacer el esfuerzo de considerar las alternativas y planear para el futuro. Dios nos llama a planear; simplemente nos exige que recordemos siempre que él puede cambiar nuestros planes.

También envuelve buscar consejos. Proverbios 20:18 dice: "Afirma tus planes con buenos consejos". Cuando enfrentes alguna decisión grande, busca la opinión de creyentes maduros y considera sus consejos". 

En todo esto tenemos que recordar el otro lado de la moneda. Pablo nos dice también que Dios obra en nosotros. Esto significa que, en medio de hacer planes y llevarlos a cabo, podemos tener la seguridad de que Dios está obrando dentro de nosotros y en nuestras circunstancias, y que su obrar es para nuestro bien. Él aún puede tomar nuestros errores y usarlos. 

No dependas de vellones mojados para mostrarte la voluntad de Dios, como hizo Gedeón. Más bien, esfuérzate en conocer su voluntad revelada. Considera bien tus pasos, confiando en la dirección de Dios.

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