13 de agosto de 2012

Una milla más

En todo lo que tiene que ver con nuestras responsabilidades, sea donde sea el ámbito en el que nos encontremos hay tres formas de llevarlas a cabo: Podemos dejar de hacer lo que debemos, podemos hacer lo que debemos o podemos hacer más de lo que debemos. 

Evidentemente, si no llegamos a cumplir nuestras responsabilidades se nos podrá acusar por nuestra negligencia y podemos ser justamente juzgados y condenados. Formaremos parte en ese caso de aquellos que son mal ejemplo en la sociedad, en el trabajo o en la iglesia. 

Por el contrario, si verdaderamente nos tomamos en serio nuestros compromisos sociales, familiares y de iglesia, nadie nos podrá acusar de nada y seremos un ejemplo de buen ciudadano, buen padre o buena madre o buen hijo y un buen cristiano en la iglesia. A este grupo seguramente se apuntaría la mayoría de quienes fuesen preguntados acerca de este tema. 

Hoy Jesús tiene un reto para nosotros. Una enseñanza revolucionaria que si la obedecemos dejaremos de pertenecer a ese grupo que hace lo que debe, que dicen ser mayoría, para entrar a formar parte del grupo íntimo y selecto de los discípulos de Jesús. Para ello debemos hacer más de lo que se espera de nosotros o de lo que nos corresponde hacer. 

“...y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:41).

Imaginaros a ese romano invasor que le obliga a llevar al judío su carga por una milla y él, cuando llega a esa distancia le dice que le va a acompañar llevando voluntariamente la carga una milla más. Eso sí que impactará y sorprenderá. 

Todos sabemos lo que tenemos que hacer. Cuántos impuestos tenemos que pagar, qué trabajos tenemos que llevar a cabo o cuánto debemos ofrendar. Si somos responsables y cumplimos con todos estos compromisos, seremos buenos cristianos. Pero nadie se sorprenderá de ello, porque es precisamente lo que se espera que hagamos. Pero ir una milla más, es cosa reservada a los auténticos discípulos de Jesús.

APROVECHA LA OPORTUNIDAD 

Todo cristiano tiene la oportunidad de convertirse de esta manera en un discípulo de Jesús, pero hay que saber aprovechar el momento cuando se presente. En nuestra vida se presentará la oportunidad de demostrar que amamos a Jesús, que somos generosos con su obra y que queremos honrarle más de lo que demandan nuestras obligaciones como cristianos. 

En los evangelios se cuenta la historia de una mujer, María de Betania, que cuando llegó el momento, supo aprovechar esa oportunidad de sobrepasarse en sus obligaciones:

“Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.” (Juan 12:3-7).

El momento oportuno para honrar a Jesús de esta manera era precisamente ese. Jesús se encontraba comiendo en casa de María y ella, que tenía preparado el perfume de trescientos denarios (lo que hoy equivaldría a un año de sueldo de un obrero) y lo derramó en sus pies y sus cabellos. 

Como el mismo Jesús dice al defender el exceso de María: “a mí no siempre me tendréis”. Era el momento de rebasar la línea de lo puramente correcto y sobrepasarse con el Maestro mientras estuviera entre ellos. 

La oportunidad de sobrepasarse con Jesús hay que aprovecharlas, porque sino puede que esta no se vuelva a presentar y habremos perdido la oportunidad de honrarle para siempre. 

UN BUEN MAESTRO 

La enseñanza de que para ser discípulo de Jesús debemos esforzarnos para llegar más allá de nuestras obligaciones es algo revolucionario. Pero él pudo enseñarlo porque fue ejemplo de ello.

El llegó mucho más allá al poner la otra mejilla cuando le herían a causa de nuestros pecados, sin estar obligado a soportarlo. 

El llegó mucho más allá cuando buscó la paz y la reconciliación con nosotros aun a costa de renunciar a sus derechos y sufrir en él mismo el dolor que no merecía en vez de hacernos sufrir a nosotros el castigo que sí merecíamos. 

El llegó mucho más allá porque siendo nosotros sus enemigos, el nos amó hasta el fin. 

ES TU DECISIÓN Y LA MÍA EL IR POR JESÚS UNA MILLA MÁS. Esto nos convertirá en sus verdaderos discípulos.

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