1 de agosto de 2012

Renovando fuerzas

"Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;
El que rescata del hoyo tu vida,
El que te corona de favores y misericordias;
El que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como el águila".
 Salmo 103:1-5

El Señor nos colma de bendiciones, perdona nuestros errores y sana nuestras dolencias, y aquí no está refiriendo a nuestras dolencias físicas sino las espirituales que a veces padecemos por nuestra forma de actuar.

Como dice en este Salmo, El Señor mismo nos rescata del hoyo, entendiéndose como la sepultura humana. El Señor a través de la sangre de Jesucristo nos ha rescatado de ese hoy al que la humanidad tiene que ir, y nos da una nueva vida.

También dice que Él nos corona de bondad, de amor y misericordia. Y es una verdad maravillosa. El Señor nos corona, para que llevemos esa corona en nuestra vida y la podamos compartir con las demás, no para que la tengamos oculta.

Pero también es cierto que a veces en nuestro caminar cristiano, en nuestro viaje a través de este mundo como creyentes, sufrimos un desgaste. En ocasiones podemos estar mal espiritualmente o nos venimos un poco abajo, pero es maravillosa la promesa del Señor que encontramos en el versículo 5, que dice que nos dará nuevas fuerzas como las águilas, que nos harán levantar.

Seguro que todos los cristianos habremos experimentado que después de una situación difícil por la que hayamos tenido que pasar, El Señor nos levanta. Y luego nos damos cuenta que cuando estamos luchando en la obra del Señor no es por nuestras propias fuerzas, sino porque Él nos las ha renovado.

Es importante que tengamos presentes estas promesas del Señor, que le demos gracias, que nuestra boca rebose de alabanza hacia Él, porque Él es el que nos sostiene, nos levanta y nos ayuda.

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