20 de junio de 2012

Dignos

Lectura bíblica: Salmo 24

"De Jehová es la tierra y su plenitud;El mundo, y los que en él habitan.
Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos.
¿Quién subirá al monte de Jehová?¿Y quién estará en su lugar santo?
El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.
El recibirá bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salvación.
Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria.

Aquí vemos claramente cómo El Señor tiene el título de propiedad de toda la Tierra y, por supuesto, de los que la habitamos. Por eso es Señor no sólo de los que creen en él sino de todo el mundo. Para estar en su presencia tenemos que hacerlo dignamente. Dice que tenemos que hacerlo con las manos limpias.

El "limpio de manos" tiene que ver con aquello que hayamos hecho. Dice que tenemos que ir delante de su presencia con un "corazón puro". Tiene que ver con nuestros afectos, con nuestros sentimientos. Y también "el que no ha elevado su alma a cosas vanas ni jurado con engaño". Tiene que ver con aquello en lo que ponemos nuestro corazón.

Dice El Señor que donde esté nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón (Mateo 6:21) ¿Dónde estamos invirtiendo nuestras prioridades, nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestras ilusiones? ¿En las cosas del Señor, en aquello que agrada a Dios, en aquello que espera El Señor de nosotros, o en otras cosas vanas?

En Apocalipsis capítulo 5 se pregunta quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos. Dice que sólo se encontró uno que era digno, el Cordero. Y ese que era digno, nos ha hecho digno a nosotros.

En ese mismo relato de Apocalipsis 5 dice que aquel que era digno nos ha hecho a los cristianos reyes y sacerdotes. Quiere decir que para ministrar en su presencia, Él tiene que habernos hecho dignos, tiene que haber limpiado nuestras manos, purificado nuestros corazones, y haber hecho que reconozcamos que Él es nuestro Señor, es decir, que él tiene el título de propiedad a nuestras vidas. Con ese espíritu debemos acudir a adorar a Dios.

Amén.

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