19 de mayo de 2012

¿Quién será este?

Lectura bíblica: Mateo 8:23-27. Este es el testimonio del hermano Salvador, compartido durante el culto dominical del 26 de febrero de 2011

Yo no sé cómo será una tempestad en un lago, lo desconozco, pero si sé lo que es una tempestad en el mar. Por experiencia he sufrido muchas tempestades y muchos temporales en el mar. En un lago no sé cómo sería pero hay una cosa que me maravilla de este pequeño relato, y es la paz de Jesús en este temporal.

Yo no me puedo imaginar cómo una persona pueda estar descansando en un momento de tempestad. En parte sí lo comprendo porque a mí me pasaba algo parecido cuando estaba en los barcos. Cuando había temporal fuerte y tempestades fuertes, yo era de los pocos que solía estar durmiendo en el barco y había muchos compañeros que no se podían dormir porque estaban inquietos.

Me acuerdo que cuando me levantaba y había pasado la tempestad me decían: "Yo no sé cómo puedes dormir con el temporal tan fuerte, se han caído y roto cosas y tú durmiendo". Y es verdad, porque hay muy poca gente que puede dormir cuando hay temporal. Pero yo les decía que podía dormir porque estaba confiado en el que gobernaba en el barco en ese momento.

Esa paz es la que El Señor tenía y esa paz es la que El Señor demanda de cada uno de nosotros ante la tempestad. Si decidimos viajar con Jesús, tenemos que estar preparados para aguantar momentos de tempestad en nuestra vida, porque va a llegar y a veces, como en este relato, parece que El Señor está dormido, pero deberíamos de tener presente en nuestros corazones que El Señor está en la barca con nosotros.

Sé que es difícil porque podemos llegar a no comprenderlo. Como solemos decir por aquí, El Señor descansa pero no duerme. Yo creo que El Señor descansaba y dormía primero porque era El Señor y era Dios, y en segundo lugar porque estaba rodeado de una confianza impresionante, algo que El Señor quiere transmitirnos a nosotros.

El Señor les reprocha a los discípulos "¿Dónde está vuestra fe? Cuando no vemos la respuesta rápida del Señor en nuestras vidas dudamos, tememos y nos atemorizamos. Pero El Señor nos da una buena lección.

Todos los cristianos de alguna forma o de otra somos marinos, marinos para El Señor. Y yo le pido al Señor que deposite en cada uno de nosotros esa confianza que él tenía, esa paz que nos hace descansar en medio de la tormenta.

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