8 de mayo de 2012

La oración del rey Josafat (1ª parte)

Lectura bíblica: 2º Crónicas 20:1-24.

El rey Josafat fue un buen rey, gobernaba bien a su pueblo y también era un buen creyente, por lo que intentó durante todo su reinado pastorear también espiritualmente a todo Judá.

Pero Josafat no era un hombre perfecto, como ninguno de los que se mencionan en la Biblia lo eran. Cometió errores en su vida y también tuvo que enfrentarse a sus propios temores, como leemos en este capítulo de Crónicas. Una invasión a la que no podía hacer frente, precisamente cuando Judá estaba en tiempo de paz. Era tiempo de victoria espiritual: ocurrió justo después de un periodo de logros importantes en su vida.

Esta oración de Josafat nos puede servir de ayuda para todos aquellos que somos creyentes sinceros, pero no perfectos y por lo tanto con nuestros temores a la hora de afrontar los conflictos que nos pueden sobrevenir.

Los problemas siempre se presentan, tarde o temprano, pero siempre llegan. Con frecuencia, parece que son como conspiradores que se han aliado contra nosotros.

No tenemos que salir a buscarlos; más bien parece que son ellos mismos los que salen a buscarnos, aunque a veces muchas personas viven de tal manera que constantemente los están invitando. No es el caso de Josafat. El no había hecho nada para provocar a sus enemigos.

El versículo 2 nos indica que el ejército se encontraba todavía a cierta distancia y por tanto tenían un poco de tiempo para prepararse. Pero muchas veces nosotros no tenemos ese lujo. Los conflictos y problemas se presentan sin aviso.
1. EL REY JOSAFAT RECONOCIÓ SU IMPOTENCIA.

Los conflictos son oportunidades de conocer nuestra fragilidad. Y cuando esto sucede nos invade el temor. No debemos avergonzarnos de reconocer nuestro temor ante el conflicto. Más bien debemos ver nuestros temores como una oportunidad para entender nuestra propia fragilidad.

Es una oportunidad de experimentar nuestra impotencia para hacer frente a determinadas circunstancias que nos sobrevienen y para las que no tenemos capacidad de reacción.

“Entonces él tuvo temor” (versículo 3).

¿Por qué tuvo temor Josafat?. Más adelante, en el versículo 12 dice que fue porque “en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros”.

Quizás te suene este motivo de Josafat para temer. “Esto es demasiado”, “no tengo salida”, “no puedo más”. Son expresiones de nuestros temores que si nos la quedamos para nosotros mismos nos pueden hundir pero que si las compartimos con Dios nos permiten recibir de Él una salida.

Los temores de Josafat tenían que ver con que se sentía responsable del pueblo de Dios, el cual era amenazado por los moabitas y los amonitas. Os invito a que juntos también podamos hacer la oración de Josafat.

No es malo admitir nuestros temores. Nos gusta que la gente piense que tenemos el control, que tenemos todas las respuestas. Esto se llama orgullo, y es el obstáculo número uno en nuestras oraciones.

Hay gente que paga en las ferias por tener este tipo de sensaciones. Miedo ante experiencias aparentemente peligrosas, pero en el fondo perfectamente controladas desde fuera.

2. JOSAFAT ACUDIÓ A DIOS.

Los conflictos son oportunidades de acudir a Dios.

Josafat demostró humildad y sinceridad expresando públicamente su temor y acudiendo de esa manera a Dios.

Dice que “él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová”. (versículos 3 y 4).

Es necesario humillarse delante de Dios y con toda humildad reconocer que si él no interviene a favor de su pueblo, pues no hay nada que hacer. El humilló su rostro y consultó al Señor. El motivo de la oración era muy claro y lo encontramos en el versículo 12 “no sabemos qué hacer”.

¿Te has encontrado alguna vez en esta situación de bloqueo? ¿o quizás puedas estar pasando ahora mismo por un conflicto personal de tal magnitud que no sepas qué hacer? Si es así, puedes hacer una cosa, humillarte delante de Dios y reconocer tus temores y que no sabes qué hacer.

Consultar a Dios es compartir el problema con aquel que sí sabe qué hacer con él.

En esa situación límite de gran presión, de gran depresión, de conflicto muy intenso, necesitamos consultar con Dios con una actitud de urgencia, de emergencia. Ellos no pedían simplemente ayuda de Dios, sino que le pidieron socorro. “Se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová”.

¿Cómo pedir socorro a Dios?. El versículo 12 también nos lo dice “a ti volvemos nuestros ojos”. Esto es pedir socorro al Señor. Es no mirar al enemigo que tememos, sino volver nuestros ojos a nuestro Padre.

El Salmo 121 dice: “¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra”.

En su oración. Josafat reconoce y recuerda el poder de Dios. “Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista?”.

Reconoce la soberanía de Dios. Estaba reconociendo que Él como soberano tenía todo bajo control. A Dios no le sobrepasan los problemas. El tiene SIEMPRE el control de todas las cosas.

También hace memoria de las bendiciones pasadas y reflexiona en su misericordia y bondad que ha mostrado en el pasado. “Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de Abraham tu amigo para siempre? (versículo 7).

Reconoce y recuerda la presencia continua de Dios entre su pueblo y confía en que Dios no sólo le oye, sino que, con toda seguridad, actuará a su favor “porque tu nombre está en esta casa” “clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvaras” (versículo 9).

Algo también importante y que quizás nos pueda pasar desapercibido es la paciencia que demostraron estos en la respuesta de Dios (versículo 13) “y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres y sus hijos”.

Vivimos en un mundo donde la rapidez es un valor necesario y donde impera la impaciencia. Queremos lo que queremos en el momento que lo que queremos. Tenemos la actitud de: "Señor, dame paciencia, pero ¡dámela ahora mismo!"

En el próximo artículo veremos cómo Dios respondió a las oraciones de Josafat y cómo puede responder a las nuestras. Que El Señor os bendiga.

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