15 de abril de 2012

Cosas que ojo no vio

Lectura bíblica: 2º Reyes 6:8-17

La situación de Eliseo y su criado era la misma. Estaban rodeados de todo un ejército que iban a prenderlos. Sin embargo, la situación que percibieron uno y otro fue muy diferente; Giezi, vio cómo los carros de los sirios, sus caballos y sus guerreros tenían sitiada la ciudad para prenderlos. Sin embargo, Eliseo fue consciente de algo totalmente diferente; él vio que sobre el monte que rodeaba la ciudad de Dotán donde se encontraban Dios había enviado a un ejército celestial que les protegía y defendía del peligro.

Una misma situación, pero dos maneras de ver la realidad y por tanto dos maneras también de afrontar las dificultades. Uno con temor y el otro con la tranquilidad de ver que Dios le defendía. 

Los hijos de Dios somos llamados a percibir nuestra realidad más allá de lo que ocurre en apariencia a nuestro alrededor. Si no es así, no nos diferenciaremos en nada de aquellos que viven sin Dios y sin esperanza en el mundo.  

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1ª de Corintios 2:9).

Que veamos las cosas de una manera o de otra depende de nosotros. Dios ha preparado las cosas para los que le amamos de tal manera que la veamos completamente diferente a como la ven el resto de los hombres. 

¿Dónde estaba ese ejército que vio Eliseo? Solo hace falta que miremos a los montes, donde está la provisión sobrenatural de Dios. 

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda… Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmo 121).

Giezi no lo veía, pero Eliseo oró por él: “y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró…” ( 2º Reyes 6:17). 

No está mal si cuando no vemos este auxilio de parte de Dios, cuando no percibimos el auxilio sobrenatural que El nos envía, pedimos entonces al Señor lo que aquellos ciegos de los evangelios: 

“Deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos” y dice que “entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron” (Mateo 20:32-34). 

¡Qué transformación darían nuestras vidas si en lugar de ver las dificultades percibiéramos la provisión de Dios para superarlas!  ¡Como cambiaría nuestro ánimo, si en lugar de fijar nuestros ojos en ese problema que nos quita la paz alzáramos nuestros ojos a los montes, de donde viene el socorro de Dios!

Hay otros ejemplos en la Biblia sobre visiones sobrenaturales que solo algunos percibieron y otros que estaban en la misma situación que ellos no vieron, como fue el caso de Eliseo y su criado Giezi. Las veremos en un próximo artículo.

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