5 de abril de 2012

Aprendamos de Jesús: Su misión.

Estamos celebrando la conocida como "Semana Santa". Pero ¿tenemos auténtica conciencia de lo que estamos haciendo? ¿Sabemos el alcance que tuvo la pasión de Cristo y su muerte en la cruz? A continuación meditaremos un poco en la misión del Señor y cómo nos afecta hoy en día.

Uno de los principios de la obra de Jesús fue el venir de parte de Dios. El era un apóstol del Padre y así se identificó ante los hombres: “yo he venido en nombre de mi Padre” (Juan 5:43). 

El recibió del Padre un mensaje en exclusiva para el mundo. Un conocimiento para compartir que necesitaba ser oído por todos los hombres. “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27). 

Lo que los hombres necesitan más que nada es conocer a Dios. Y este conocimiento de Dios fue la misión de Jesús. Dar a conocer a Dios. Que los hombres conozcan al Padre y al Hijo. 

El Padre dio a conocer al Hijo “nadie conoce al Hijo, sino el Padre”. Y Jesús de igual manera enseñó cómo es el Padre “ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo”. 

Y todo este conocimiento del Padre y del Hijo fue lo que hizo posible que algunos hombres pudiesen conocer a Dios. Son aquellos con quienes Jesús ha compartido este mensaje, unos cuantos escogidos a quienes el Hijo lo quiso revelar. 

La enseñanza importante aquí es que los creyentes de hoy en día tenemos la exclusiva de las noticias que se saben acerca de Dios. Sabemos toda la verdad respecto al Padre, al Hijo y a su Espíritu Santo. Nadie más que nosotros la conoce. Podemos ser criticados de creernos en posesión de la única verdad y rechazar todo lo demás como mentira, pero es cierto. Nosotros tenemos la exclusiva: “nadie conoce” al Padre ni al Hijo sino “aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”

Esto nos convierte tanto en enviados del Padre, como también en profetas de Jesús, los que han de dar a conocer su mensaje de parte de Él. 

La única oportunidad que el mundo tiene de conocer a Dios y su mensaje de salvación es oírlo de nuestros labios y verlo en nuestras vidas.

¡Qué gran responsabilidad! ¿Te lo puede imaginar? La Vida Eterna de los habitantes del mundo depende de nosotros: Jesús oró al Padre en su oración en el huerto y dijo “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. 

Ahora esa misión que Jesús tenía encomendada de parte de Dios nos ha sido encargada a nosotros, porque él sigue orando al Padre y le dice “como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”, para que tengan Vida Eterna. 

Jesús finaliza esta oración en el huerto, antes de ser entregado diciendo “les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún”. ¡Que hermosas palabras! Iba a ser apresado minutos después y ejecutado al día siguiente y todavía quería seguir con su misión. Muy hermoso. Y nosotros tenemos que aprender de El. 

Uno de sus más íntimos amigos y discípulo, el apóstol Pedro cuenta de El que Jesús, cuando lavó los pies a los discípulos dijo “porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” y el apóstol Pedro dice que él nos dio ejemplo para que sigamos sus pisadas (1ª Pedro 2:21).

No debemos asustarnos ante tan grande responsabilidad. Pero sí es necesario que conozcamos perfectamente cómo llevar a cabo esa gran comisión de dar a conocer el evangelio de la gracia. Y lo vamos a hacer aprendiendo del Maestro.

Que El Señor os bendiga.

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