28 de febrero de 2012

Invirtiendo en las personas (Mateo 21:29-34)


El pasado fin de semana disfrutamos de la visita del hermano Daniel Casanova y su esposa Betsaida. Él es pastor de la Iglesia Bautista Oasis de Amor, en West Palm Beach, Florida. Nos hemos permitido la licencia de publicar un pequeño resumen de su predicación del domingo.

Si queréis escucharla o descargarla completa en mp3, se encuentra disponible en el reproductor de la barra lateral, o en este enlace.

En estos versículos vemos cómo Jesucristo salía de la ciudad de Jericó seguido por una gran multitud, entre ellos dos ciegos que clamaban a él pidiendo misericordia.

En las iglesias se suele invertir tiempo, dinero y esfuerzo en muchas cosas, pero aquí El Señor nos muestra que la prioridad de un cristiano deben ser las personas, porque él vino a morir precisamente por eso: por las personas. Y para hacer esto hay tres pasos que debemos dar, imitando al mismo Jesucristo:

1. Detenernos.

Jesucristo se detuvo con los ciegos, se preocupó por ellos (v. 32). Los cristianos debemos hacer lo mismo, detenernos con las personas, escucharles, preocuparnos por sus necesidades, todos tienen carga en su corazón y en la Palabra de Dios hay respuesta para todos ellos.

2. Desarrollar una vida de servicio.

Dice en 1ª de Juan 3:16 que "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos".

Jesucristo tuvo amor para con nosotros, de tal manera que estuvo dispuesto hasta a entregar su vida para salvar la nuestra ¿Quién estaría dispuesto a hacer algo así hoy en día por un amigo.

Los cristianos tenemos que estar dispuestos a servir a otros, a pensar en las necesidades de nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros familiares, ver qué podemos hacer por ellos, y demostrarles el amor de Cristo a través de nuestro propio testimonio. Esta es la forma más poderosa y eficaz de predicar el Evangelio.

3. Tener confianza y levantarnos con fe.

"Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten cofianza; levántate, Él te llama" (Marcos 10:49).

El ciego Bartimeo estaba sentado en una piedra, pero Jesús le invitó a levantarse. Si no le hubiera hecho caso hubiera seguido ciego toda la vida, pero gracias a que tuvo confianza y fe obedeció y Jesucristo obró el milagro en su vida.

Si queremos que Dios transforme nuestra vida y nos utilice para grandes cosas y como testimonio de su poder, primero tenemos que tener confianza y fe en que él puede hacerlo, dejando atrás el miedo. Tomemos como ejemplo a Cristo y seamos discípulos que hagan otros discípulos.

Que Dios os bendiga.

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