1 de enero de 2012

¡Vamos, adelante!

El cristiano es llamado a avanzar en su vida espiritual.  Es como cuando colocamos un balón en una cuesta. Si no lo impulsamos hacia arriba, rodará hacia abajo. A nosotros nos sucede esto mismo.

No hay opción a permanecer parado para el hijo de Dios. O avanzamos o retrocedemos. Y si retrocedemos no agradaremos a Dios, como dice en Hebreos 10:38-39: “…mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”. ESO SOMOS NOSOTROS.

Pero entonces ¿por qué a veces podemos sentir que nuestra vida espiritual da un paso atrás? Cuando estamos cayendo y perdiendo los avances conseguidos en nuestra vida cristiana, golpean una y otra vez estas dos sentencias de la Palabra de Dios:

“Si retrocediere, no agradará a mi alma” y 
"nosotros no somos de los que retroceden para perdición”. 

Quiero hablaros de un hombre que después de tener una vida espiritual en continuo crecimiento, vio como de pronto toda su fortaleza se venía abajo por las circunstancias que tuvo que vivir. Llegó a ser un profeta de Dios en tiempos de rey Josías de Judá, pero Josías murió y la tiranía, las rivalidades y la ilegalidad, se apoderaron del reino. Los hombres se levantaban unos contra otros, prevalecían la opresión y la violencia y el pueblo vivía abiertamente en el pecado y la idolatría.

Unas circunstancias muy propicias para tirar la toalla y retroceder, pero no lo hizo. Él en su libro dejó escrito las razones que le impulsaron a seguir progresando en su caminar espiritual, a pesar de las inclemencias del tiempo. Este hombre fue Habacuc, que nos va a enseñar hoy unos consejos que él mismo practicó para avanzar en circunstancias adversas.

1. PREGUNTA A DIOS

Dios nunca deja sin respuesta a quien sinceramente le interroga. La oración es un instrumento imprescindible para luchar por mantener el tipo en tiempos de crisis.

La primera pregunta del hijo de Dios ante el sufrimiento es la que hace en Habacuc 1:3 “¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia?. Lo primero que Habacuc pregunta a Dios es LA CAUSA DE SU SUFRIMIENTO ¿Qué hecho yo para merecer esto? ¿Por qué me está sucediendo esto? 

Cuando uno es consciente de haber hecho algo malo, no se extraña de las consecuencias de su comportamiento y del castigo de Dios por ello. Pero cuando no se encuentran motivos para el sufrimiento, entonces se necesita clamar a Dios para que nos ayude a comprender lo que nos está sucediendo.

Otra cuestión que nos asalta cuando sufrimos es la que encontramos en Habacuc 1:12-14: “¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar. Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él, y haces que sean los hombres como los peces del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne?”.

Es decir, ¿Por qué has permitido que me suceda esto y no has hecho nada?

En tercer lugar, en medio de la prueba, lo que a uno le preocupa es LA DURACIÓN DE SU SUFRIMIENTO (1:2) “¿Hasta cuándo, oh Jehová clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?

2. EJERCITA LA PACIENCIA Y CONFÍA EN DIOS 

Tenemos que tener en cuenta que en ocasiones la respuesta de Dios tarda en llegar, no porque el Señor quiera impacientarnos caprichosamente, sino porque, aunque la prueba produce paciencia también es cierto que en medio de la prueba lo que se sufre es impaciencia.

En el capítulo 2 Dios contesta a Habacuc, pero mientras tanto tuvo que tener paciencia: “Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja. Y Jehová me respondió…” (Habacuc 2:1-2). .

En las dudas y perplejidades, Dios invita al hombre a esperar de él la solución deseada, no la respuesta apetecida. Aquí también encontramos el tercer consejo, confiar en Dios, la fortaleza de Habacuc.

Se puede y se debe confiar en Dios en época de crisis, estar convencido de su completo control sobre las circunstancias adversas y su perfecto conocimiento de nuestra propia angustia. Dice en Habacuc 3:16 “Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia…”. 

3. DEMUESTRA TU FE Y NO DEJES QUE LAS CIRCUNSTANCIAS TE CONFUNDAN.

“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Habacuc 3:19). La prueba es un tiempo precioso para usarlo como una oportunidad de demostrar nuestra fe al Señor. Cuando la fe prescinde del uso de sus pies, descubre que tiene alas.

En quinto lugar. El consejo de Habacuc para el día de la prueba es el que encontramos en el famoso cántico de Habacuc 3: 17 y 18. Podemos ver y entender a Dios, solamente cuando nos elevemos sobre el nivel de las nieblas de nuestras dudas.

El consejo es no dejar que las circunstancias nos confundan. Puede que no disfrutemos de prosperidad, sino que estemos sufriendo todo lo contrario, necesidad. Pero esto no debe confundir nuestro entendimiento y pensar que Dios nos ha abandonado o se ha desentendido de nuestro problema.

Finalmente, tal y como Dios se lo reveló a Habacuc, no tardó mucho antes de ver cómo el ejército babilónico destruyó Jerusalén y llevó en cautiverio a todo el pueblo a Babilonia como juicio por sus pecados, 18 años más tarde. Pero cuando esto sucedió, Habacuc estaba preparado para entenderlo y soportarlo, porque el puso en práctica estos consejos para el día de la prueba.

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