7 de febrero de 2012

Compañía en la soledad (Salmo 27:10)

¿Cuántas veces hemos podido oír esa frase con la que se quejan cada vez más personas de que LA SOLEDAD ES MUY MALA?

Es cierto que la soledad que produce el aislamiento de otras personas puede ser en muchas ocasiones un gran sufrimiento, pero hay otro tipo de soledad que es todavía más terrible, ya que no se soluciona buscando la compañía de otras personas, porque no tiene que ver con el aislamiento físico, sino con el aislamiento emocional y espiritual.

En los dos próximos dos artículos vamos a ver al menos tres de ellas. Comencemos con la primera:

LA SOLEDAD DE LA INCOMPRENSIÓN.

Hubo dos personajes del  Antiguo Testamento, uno joven y otro anciano, que sufrieron este tipo de soledad.

Uno de ellos, el joven, fue José, al cual padeció la incomprensión de sus hermanos hasta el punto de que le quisieron asesinar. Dice Génesis 37:24 que “le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua”.

El otro fue el anciano profeta Jeremías, de quien se cuenta en Jeremías 38:6 que le tomaron “y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías… y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno”.

Si hoy estás en la cisterna y pareces estar solo, ten por cierto que otros también pasaron por ahí. Un joven en un desierto fue echado por sus hermanos en la cisterna y un anciano en una ciudad fue lanzado a la cisterna por sus contemporáneos y allí estaban tirados. José por soñador y Jeremías por profeta, ambos dijeron la verdad y el resultado fue la cisterna, pero no estuvieron solos, a ambos les sostuvo el Señor.

¿Te sientes solo en la cisterna? No temas, porque no estás solo. ¿Nadie te comprende? No es cierto, el Señor te comprende. Podemos confiar en que “aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4) y que cuando estemos allí abajo, se escuchará la voz del Señor que nos dirá “no temas, porque yo te redimí; te puso nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Isaías 43:1-3).

¿Quiere decir esto que no pasaremos por las aguas, o por los ríos o por el fuego? No. Jesús sufrió también la incomprensión de los demás, incluso de sus propios discípulos, pero nunca se sintió solo. El dijo “Me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Juan 16:32).

Hasta aquí esta primera parte. En un segundo artículo hablaremos sobre otras dos clases de soledad y cómo Dios actúa ante ellas: las producidas por la lucha interior y el pecado. Que El Señor os bendiga.

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