28 de enero de 2012

Añadid (segunda parte). 2ª Pedro 1:3-11.

Hace unos días meditábamos sobre cómo ser cristianos que avanzan en su vida cristiana, que no se quedan estancados. Vimos que ante todo el primer paso que debíamos dar era el de creer, tener fe. Ahora vamos a ver cuáles son los otros dos pasos. Podemos estar seguros de que llevando a la práctica lo que aprendemos en 2ª Pedro capítulo 1, llevaremos una vida cristiana plena, de gran gozo y bendición para nosotros y para los que nos rodean.

CRECIMIENTO (versículo 5 ).

Además de tener fe debemos crecer. No creo que nadie de los que estamos aquí quiera ser un cristiano a medio hacer, porque eso es precisamente lo que seríamos, si no creciéramos al ser concebidos como hijos de Dios. Como un niño nada más ser concebido comienza a coger peso, a aumentar en estatura, a madurar en su organismo, así debe suceder con nosotros. 2ª Pedro 1:5 dice que hay que poner un especial empeño a añadir a nuestra fe crecimiento:

 “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe…”

Debemos crecer. No como el pasto, a lo largo y alto pero con poca profundidad, sino como verdaderos robles.

El creyente puede caer en la rutina y conformarse con su propia estatura. Esto dice la Palabra que no es juicioso (2ª Corintios 10:12 “ellos midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos”). Por el contrario, Cristo quiere que crezcamos a la medida de nuestra estatura, sino a la medida de su estatura (Efesios 4:13 “hasta que todos lleguemos a la uniad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

PROTAGONISMO (versículo 8)

Esto es lo tercero que debemos procurar; ser protagonistas en nuestra vida cristiana, actores y no espectadores en la iglesia.

El creyente suele esperar panes y peces, sin caer en la cuenta de que es un pescador. No debemos limitarnos a consumir lo que el reino ofrece. Venir a la iglesia, hacerme miembro, pero pocas veces, si no es que nunca, poner al servicio del Señor todo lo que soy y lo que hago.

No debemos buscar que otros nos animen, sino procurar servir de ánimo a otros. Este entusiasmo no es otra cosa que “Dios dentro”. Esto es lo que más atrae la atención en la vida de un discípulo de Jesús.

No debemos buscar experiencias que nos animen, que nos llenen, sino alentar, llenar, dar a otros la vida abundante que recibe de Cristo Jesús. Esto es lo que verdaderamente se puede convertir en una fuente espiritual de gozo y de paz y no depender de las circunstancias para sentirse lleno.

Buscar experiencias que nos animen, que nos llenen, nos traerá con toda seguridad la frustación a nuestras vidas, porque cuando la iglesia no cumpla las expectativas que tenemos, entonces, buscaremos otra iglesia que sí “los llene” y cuando esa nueva iglesia ya no llena nuestros anhelos, buscaremos otra nueva, y así iremos arrastrando nuestra historia de cristianos desanimados.

Debemos identificar las necesidades de nuestra iglesia, usar los dones que Dios nos ha dado para llenar esas necesidades y continuar preparándonos y capacitándonos para darle a Dios el servicio que Él merece.

SOMETIMIENTO

Cada uno de nosotros, si hemos creído, hemos adquirido un compromiso personal y permanente de obediencia con la persona de Jesucristo y el Espíritu Santo.

Podemos pensar equivocadamente que sólo una parte de nuestras posesiones, o de nuestro tiempo o de nuestra vida pertenece a Jesús, pero que hay otras áreas de nuestra vida son de libre uso por nuestra parte. Y NO ES ASÍ.

SÍ, DIOS NO DESEA ALGO DE NOSOTROS, LO DESEA TODO. Este es el cristianismo revolucionario que satisface al creyente más exigente y deslumbra al inconverso más ateo.

Aquellos que no viven su vida cristiana de esta manera, dice el texto inspirado que es un ocioso (un vago), un ciego, un desmemoriado y un candidato a caer (versículos 8-10).

La vida cristiana que vive de los logros del pasado es una vida estancada y frustrante y con vejez prematura. La vida se caracteriza por el cambio y en especial la vida en Cristo. No podemos hacer las mismas cosas una y otra vez y esperar resultados diferentes. Un discípulo auténtico y comprometido busca el cambio, el avance, conquistar áreas que antes no había vencido y no vivir solamente de los triunfos del pasado.

Por tanto, añadid. No podemos conformarnos con nuestro nivel espiritual. Por eso debemos evaluarnos para saber si aumentamos en todas estas cosas que hemos visto hoy, en fe, en crecimiento, en protagonismo y en sometimiento.

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