17 de diciembre de 2011

La adoración a Dios

Los cristianos vemos el momento de la adoración como algo especial, no sólo el domingo sino cualquier otro culto o actividad que podamos celebrar en compañía de los hermanos o en nuestras casas. ¿Qué tiene de especial este tiempo?

Es para la relación personal con Dios.

Dice en la Palabra que si estamos de acuerdo en algo y nos dirigimos al Señor en oración, Él nos va a escuchar y va a estar en medio de nosotros compartiendo ese tiempo.

"Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." Mateo 18:19-20.

Esto es una maravilla que no se puede pagar con dinero. Qué gran bendición y qué alegría saber que El Señor en su grandeza está dispuesto a estar entre nosotros, aun siendo imperfectos.

Pero también es una responsabilidad, porque cuando nos dirigimos a Él tenemos que hacerlo de una forma digna. Nadie va a una audiencia con el rey mal vestido o con algo que pueda ofenderle, sino que se prepara a conciencia.

Es para la edificación y madurez espiritual.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Hebreos 10:24-25.

El tiempo en el que adoramos a Dios es una oportunidad para la mutua edificación. En estos versículos El Señor nos llama a estimularnos al amor y a las buenas obras y a exhortarnos. ¿Cómo vamos a hacer esto si no estamos juntos? No sería posible.

El Señor va a utilizar este tiempo para prepararnos a fin de llevar a la práctica el amor y las buenas obras o lo que es lo mismo, para ser capaces de llevar a la práctica el mensaje del Evangelio.

Fijaros también que en esto participamos todos ("considerémonos unos a otros"). Este es un momento no sólo de recibir lo que el predicador o el grupo de alabanza ha preparado, sino también de participar estimulando al hermano al amor y las buenas obras, y esto tampoco se puede hacer a la ligera sino que hay que prepararse a conciencia.

Entreguemos nuestro corazón a Cristo, abramos los oídos a su Palabra, y de seguro que tendremos comunión con Él, edificación, y grandes bendiciones. Te invito a acudir a él en oración con la seguridad de que serás escuchado.

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