27 de noviembre de 2011

Las cuerdas

La Biblia habla en numerosas ocasiones de las cuerdas para referirse a aquellas cosas a la que nos encontramos especialmente vinculados. Seguramente, si preguntara a cualquiera de vosotros si prefiere estar atado o suelto me respondería que por supuesto prefiere estar suelto, sin ataduras, sin cuerdas que le sujeten. 

Pero no todas las cuerdas que atan al hombre son perjudiciales. Por ejemplo, el cinturón de seguridad en los coches es una buena atadura, la cuerda que sujeta al alpinista para que no se precipite al vacío también lo es. Y si ponemos ejemplos bíblicos se habla en 1 Corintios 7:39, del matrimonio como una ligadura, una atadura con cuerdas.

El Señor colocó al hombre en el mundo para que obedeciera su palabra. Sus mandamientos eran las ligaduras y las cuerdas que unían a Dios con el hombre y que permitían que fuera bien dirigido en su vida. Pero el ser humano, cuando se rebeló contra Dios y pecó, se resistió a ser dirigido y se propuso lo que leemos en el Salmo 2:3 ("rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas"), se deshizo de esas ligaduras pensando que iba a ser verdaderamente libre. 

LAS CUERDAS DEL PECADO Y LA MISERIA. 

El hombre se equivocó porque cuando se deshizo de las cuerdas de la obediencia a Dios, fue atado por las crueles cuerdas del pecado, porque el pecado no hace libres a quienes lo practican, sino esclavos. Así dice Proverbios 5:22. 

Y en toda cuerda hay dos extremos. En uno está el pecador y en el otro Satanás que lo mueve a su antojo. En el Evangelio de Lucas se habla de una mujer enferma que el Señor sanó, y de ella dice el Señor que Satanás había atado a esta mujer 18 años. Y en ese relato el Señor no está mirando sólo la enfermedad física, sino el pecado personal. 

Y el pecado trae nuevas cuerdas a la vida. Cuerdas de miseria espiritual de una vida sin sentido. En la posguerra española se vivió una gran miseria en España, tanto que para aguantarse los pantalones los hombres no podían llevar cinturón y usaban de cuerdas. Esto es símbolo de miseria, tal y como lo relata Isaías 3:24. Las miserias espirituales son nuevas cuerdas que el pecado trae a la vida del pecador. 

Y durante toda la vida, la persona vive atada a la cuerda del pecado y con una mísera cuerda en lugar de cinturón hasta que muere. Y cuando muere esas cuerdas se rompen, porque una vez muerto el cuerpo ya no se puede pecar más. Y sin embargo la muerte no supone libertad para el que muere con la cuerda del pecado atada a su cuello, porque aunque esa cuerda se rompe con la muerte, otra ocupa su lugar, una cuerda que ya no será quitada de su cabeza jamás, y me refiero a las cuerdas del juicio, como leemos en la la parábola del trigo y la cizaña de Mateo 13 y también en la parábola de la fiesta de bodas (Mateo 22:13). 

LAS CUERDAS DEL AMOR DE DIOS. 

Pero no todas las cuerdas son desagradables de llevar. Eran cuerdas de bendición las que permitían la comunión con Dios antes de la desobediencia del hombre. Pero una vez rotas, todavía hay lugar para el arreglo, para volver a ligar esa cuerda que nos unía con Dios y que nosotros hemos roto. 

Esta es la verdadera religión, pues religión significa volver a ligar, volver a unir. Dice Oseas 11:4 “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida”. La verdadera religión consiste en esto, en que Dios toma la iniciativa para religar de nuevo esa cuerda rota por el pecado. Y no sólo hace eso, sino que quita de nosotros el lazo del pecado que rodea nuestra cabeza y el lazo de la miseria de una vida sin sentido. 

El Señor cuando sanaba hacia precisamente esto. Atraía al enfermo con su gran amor, desataba la ligadura de su enfermedad y luego ponía comida delante de ellos. Como Lázaro, del que se cuenta en Lucas 11:44 “y el que habla muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús le dijo: Desatadle y dejadle ir”. 

LAS CUERDAS DE LA HERENCIA. 

Y finalmente el Señor además de recomponer la cuerda rota que nos unía con Él, luego de hacernos sus hijos nos concede una herencia eterna en los cielos. En la antigüedad los padres repartían a sus hijos sus heredades mediante la división del terreno por medio de cuerdas. A unos les tocaba un terreno mejor y a otros peor. Así el Salmista dice "las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado"

El hombre se resiste a ser dirigido por Dios, se quita las cuerdas de la obediencia a su Palabra y cae en las cuerdas del pecado y la miseria. Pero si rectifica a tiempo y acepta las cuerdas de amor con el que el Señor quiere atraerlo a sí mismo y religar de nuevo esa cuerda rota, ver cómo su miseria se convierte en herencia hermosa y en gozo inalterable y eterno. 

Está ahora tu decisión. Dejarte seducir por el amor de Dios o hacer frente a la responsabilidad de tu pecado.

0 comentarios: