21 de octubre de 2011

Historias de gigantes (3ª parte). La espada de Goliat

¿Qué fue de la espada de Goliat?. Se la quedó David como botín de guerra (Primero de Samuel 17: 54 “Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda”. Posteriormente fue puesta por David en el tabernáculo, cuando éste se encontraba en Nob (Primero de Samuel 21:9 “Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el filisteo, al que tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un velo detrás del efod; si quieres tomarla, tómala; porque aquí no hay otra sino esa. Y dijo David: Ninguna como ella; dámela”).

Aquí David no se encontraba en su mejor momento. Era perseguido por Saúl y no se le ocurrió otra cosa que refugiarse en el tabernáculo, engañando al sacerdote Ahimelec diciendo que era un enviado de Saúl para conseguir alimentos y armas. Y después de esto lo que nos encontramos es a un David hundido que mintió tres veces seguidas para salvar su pellejo:

Mintió al sacerdote Ahimelec y provocó la muerte de toda su casa, salvo de uno, de Abiatar  (1º Samuel 22: 21 y 22) “Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. Y dijo David a Abiatar Yo sabía que estando allí aquel día Doeg edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre”.

Mintió ante el rey de Gat y tuvo que hacerse el loco para que no lo matasen (1º Samuel 21: 12 y 13) “David tuvo gran temor de Aquis rey de Gat. Y cambió su manera de comportarse delante de ellos, y se fingió loco entre ellos, y escribía en las portadas de las puertas, y dejaba correr la saliva por su barba”.

Y lo más grave de todo. Se engañó a sí mismo creyendo que la espada que nada pudo ante su humilde honda, la espada de Goliat, era mejor que la confianza en su Señor. Hemos leído ya lo que dijo David de la espada de Goliat “ninguna como ella, dámela”.

Cuando peleó contra el gigante, dice 1º Samuel 17:50 que no le hizo falta espada alguna, sólo la confianza en el Señor “Así venció David al filisteo, con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano”.

Pero él después que mató a Goliat cometió un tremendo error. Empuñó la espada del filisteo y con ella le cortó la cabeza. Probó el arma de su enemigo y su fuerza le encandiló hasta el punto de querer conservarla, depositarla en el tabernáculo y posteriormente ir por ella y declarar que no había arma mejor que la espada de Goliat.

Se puede pasar de la euforia espiritual a la más profunda depresión en muy poco tiempo. Sólo hace falta que dejemos de velar un momento. No hacía ni un año desde que David había matado a Goliat. Ni un año de estas palabras (1º Samuel 17:45 “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina, mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los Ejércitos”) a estas otras palabras  (1º Samuel 21:9 “La espada de Goliat el filisteo,  Ninguna como ella, dámela”.

Cuando nos suceda semejante vergüenza, leamos el Salmo 34. Este Salmo lo escribió David justo después de estos sucesos y en él se nos describe su pecado y también su confesión y restitución.

Son historias de gigantes como los de Canaán, como el gigante de 24 dedos o la historia de la espada de Goliat que nos sirven para recordar que en medio de un mundo de enemigos gigantes, de pruebas gigantes, de dificultades en la vida cristiana gigantes también, tenemos a Dios a nuestro lado como lo describe Jeremías, como “poderoso gigante”. Por eso no debemos temer enfrentarnos a ello con confianza y decisión, porque hermanos “Si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?"

0 comentarios: