10 de septiembre de 2011

No confiéis en caballos (2ª parte)

Bueno, ya hemos aprendido la lección. No hemos confiado en caballos para conseguir nuestras victorias, sino en el Señor, que es el que la concede a aquel que confía en El.

¿Y ahora qué?. ¿Todo el trabajo para El? ¿Todo el esfuerzo para el Señor?. Evidentemente no. El Salmo 31:24 dice "Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón".

¿Cuál creéis que es el mayor trabajo que el Señor ha encomendado a los creyentes? “Id por todo el mundo y predicad el evangelio”. Es una buena noticia de Dios para el hombre que debemos hacer llegar a todo el mundo. Somos algo así como “carteros de Dios”. Y aquí aparece de nuevo el caballo, aunque esta vez de una manera positiva. “El envía su Palabra sobre la tierra, velozmente corre su Palabra” (Salmo 147:15).

Por la necesidad de ir veloces debido a la urgencia del mensaje que portamos, debemos hacer como los correos en tiempos bíblicos. ¿cómo llevaban el correo los carteros? (Ester 8:10). El sistema era el colocar en los caminos casas de postas donde se relevaban los jinetes y se sustituían los caballos (no es cosa de uno sólo, sino de muchos colaboradores esta misión).

Debemos por tanto aprender de esto. No montemos caballos para la lucha espiritual, ni para elevarnos por encima de los demás, pero sí para llevar el Evangelio aprisa a todo aquel que necesita conocer las noticias de salvación.

A nosotros se nos ha confiado su Palabra. Nosotros somos los correos portadores de la carta de Dios para los hombres. Montemos en caballos veloces porque nuestra misión es URGENTE.

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