30 de septiembre de 2011

La soledad (Eclesiastés 4: 7-12)

Cuando venimos a este mundo ya nacimos con esta enfermedad del alma que a lo largo de la vida va deteriorando el interior de nuestro ser hasta hacernos desesperar. Vamos a hacer un diagnóstico, conoceremos el único tratamiento seguro y el único método de prevención para que una vez curados no padezcamos una recaída.

EL DIAGNOSTICO.

El profeta Jeremías pregunta en Lamentaciones 3:39 ¨¿Por qué se lamenta el hombre viviente? El ser humano se queja de muchas cosas, pero no presta atención a su enfermedad de nacimiento que es lo que verdaderamente le debe preocupar.

Es por eso que el profeta continúa diciendo "laméntese el hombre en su pecado". Pero el pecado tampoco es la enfermedad. Sólo es el agente que la causa (como el virus de la gripe no es la enfermedad en sí mismo, sino que es quien la causa). El pecado es el virus que hace enfermar el alma del hombre con esa terrible enfermedad que no es otra que la SOLEDAD ESPIRITUAL.

Es cierto que la Biblia no dice que la paga del pecado sea la soledad espiritual, sino que dice que es la muerte. Pero la muerte no es otra cosa que separación de todo y de todos. El pecado personal produjo la muerte espiritual, la separación entre Dios y el ser humano, dejando un gran hueco en nuestras vidas y así nuestro hombre interior se quedó solo. Es por esto que podemos decir que el pecado produce en cada ser humano la enfermedad de la SOLEDAD ESPIRITUAL.

Dice el Señor en Génesis que "no es bueno que el hombre esté solo". La sensación de sentirte solo es una de las más terribles que se puede experimentar. Mucho más dramático es cuando nuestro espíritu se siente solo. El espíritu es más sensible que el cuerpo y siente más intensamente el desamparo y las faltas de ganas de vivir que trae como consecuencia el tener a la soledad como única compañera.

Quizá nunca estemos solos en nuestra vida y vivamos y muramos rodeados de nuestros seres queridos, pero es seguro que todo hombre y toda mujer experimentará tarde o temprano la soledad espiritual.

EL TRATAMIENTO EFICAZ.

El enfermo sólo tiene que reconocer que está enfermo y luego acudir al médico para que le diga la enfermedad que padece y le prescriba el tratamiento adecuado. El médico del alma es Dios, porque es el único que conoce el interior del ser humano. Dice el profeta Oseas "Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató y nos curará, hirió  y nos vendará". Así que oigamos el diagnóstico de Dios:

El ha dicho por medio del profeta Jeremías que "Incurable es tu quebrantamiento y dolorosa tu llaga".

Ha dicho que el hombre se lamente por su pecado, porque la paga del pecado es la muerte y por tanto la soledad espiritual.

Jesucristo también dijo que "los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos". Y esto lo dijo aquel que es el médico del alma. El es el que da el tratamiento eficaz a los que acuden a El reconociendo que están enfermos de soledad espiritual. Acudamos a Él para traer el alivio: "Venid a mi todos los que estais trabajados y cargados y yo os haré descansar".

Se pregunta Pablo que "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¨¿Cómo no nos dará con El todas las cosas?. El pago el precio, murió en nuestro lugar y también sufrió la soledad del alma consecuencia del pecado de los redimidos. Tras cargar sobre sus espaldas los pecados de todos los creyentes se sintió abandonado por el Padre y exclamó “DIOS MIO, DIOS MIO, POR QUE ME HAS ABANDONADO?”

Dice la cita que "mejores son dos que uno". Si te sientes sólo debes:

1. Reconocer que estás enfermo.
2. Acudir a Jesucristo, el médico del alma.
3. Aceptarle como aquel que pagó el precio por tu pecado.
4. Servirle siempre y permanecer en El.

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