16 de septiembre de 2011

Historias de gigantes. Números 13: 17-33

En Números 13 vemos Israel, después de 1 año y medio, se disponía a entrar en la tierra prometida. Moisés mandó a espías para que reconocieran la tierra y al cabo de 40 días vuelven con buenas y malas noticias. Las buenas noticias eran que aquella tierra era como había prometido el Señor, fértil y que fluía leche y miel y como prueba de ello trajeron un racimo de uva gigante, el cual tenía que ser transportado entre dos hombres. Lo malo es que no sólo eran gigantes la uvas que daba Canán, sino también sus habitantes.

Los gigantes aparecen en la literatura infantil principalmente como seres violentos y malvados y en la Palabra de Dios también hay historia de gigantes como la que hemos leído y otras. Historias que realmente sucedieron, aunque estos personajes que en las Escrituras se denominan gigantes no eran seres sobrenaturales, sino sólo hombres de elevada estatura que se dedicaban generalmente al oficio de la guerra.

Veremos varias historias sobre gigantes. Hoy esta de los gigantes de Canán. Intimidaron tanto al pueblo de Dios que ese miedo les impidió conquistar la tierra prometida, y produjo en ellos una distorsión de la realidad (v. 32 y 33).

También el miedo hizo que se olvidaran de que Dios estaba con ellos. Aquel que les sacó de Egipto, que abrió las aguas del mar Rojo, que las cerró al paso del ejército de faraón, ese era el que estaba ahora con ellos para garantizarles la conquista de la tierra y la victoria sobre esos gigantes. Pero el pueblo se olvidó de El.

Esto es una gran lección para nosotros, porque nadie está exento de caer en el pecado de la desconfianza. Nosotros también hemos recibido una tierra prometida, hemos tenido que cruzar el mar Rojo de la sangre de Cristo para ser salvos, y cruzar el río Jordán para recibir la tierra que el Señor nos ha concedido y hemos pasado al otro lado.  Y ¿qué nos encontramos? Una tierra de abundantes frutos y gigantes.

En el reino de los cielos hay también gigantes que amenazan la paz. Jesucristo dijo que el reino de los cielos es semejante a un campo donde hay buena tierra, pero donde también hay espinos y pedregales; es como un campo donde hay trigo y cizaña; es como una masa de harina, pero también de levadura; es como una red donde hay toda clase de peces.

Vivimos en un mundo hostil al reino de los cielos. Pero ante esta realidad, no debemos amedrentarnos y echarnos atrás en nuestro propósito de conquistar esa tierra prometida. Antes deberíamos tomar ejemplo de aquellos dos que también habían visto a los gigantes de Canaán, pero que no se habían amedrentado como los otros espías. Estos fueron Josué y Caleb. Ellos, viendo la patética decisión que tomó todo el pueblo de volverse a Egipto tras el informe de los espías, dijeron lo que leemos en el Números 14: 6-9.

Ellos no se habían olvidado de quién era el que estaba con ellos. “Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra” . Y con el Señor de nuestro lado, “nosotros los comeremos como pan”.

Y es que los hijos de Dios contamos con la ayuda de un gigante mucho más poderoso que cualquiera que se pueda enfrentar a nosotros. En Isaías 42:13 dice que “Jehová saldrá como gigante, y como hombre de guerra despertará celo; gritará, voceará, se esforzará sobre sus enemigos” y en Jeremías 20:11 dice el profeta “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante”.

Dios es el más poderoso gigante a nuestro lado. El derrotó a los gigantes llamados hijos de Anac. En Josué 11:21 y 22 podemos leer “También en aquel tiempo vino Josué y destruyó a los anaceos... ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel”.

En la tierra prometida hay gigantes. Si quieres puedes entrar en ella y luchar con el Señor, como poderoso gigante, a tu lado. Si por el contrario temes enfrentarte a ellos, puedes hacer lo que hicieron los israelitas, vagar 40 años por el desierto. Pero es mejor gozar de los abundantes frutos espirituales cuanto antes en vez de vivir 40 años en el desierto.

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