16 de agosto de 2011

La historia de Noemí, Rut 1:20.

Esta historia sucedió alrededor del siglo XII AC. Se cuenta de una mujer, Noemí, que junto a su marido y sus dos hijos dejaron la ciudad de Belén a causa del hambre que azotaba todo Israel y se fueron a vivir a Moab, un país fronterizo. Esta decisión sólo trajo desgracias a esta familia. El marido de Noemí murió en Moab. También sus dos hijos sin dejar descendencia. Y así encontramos a esta mujer que quiso cambiar su nombre de "dulce o placentera" que es lo que significa Noemí a Mara, "amarga" (v.20).

Pero de este dramático relato se pueden sacar enseñanzas espirituales muy importantes que nos interesa a todos. Vamos a ver dos de ellas.

1. LAS DECISIONES QUE TOMEMOS PODRAN DETERMINAR LO QUE    SEREMOS.

Noemí tuvo que escoger entre sufrir el hambre con su pueblo o dejar Israel y comenzar a vivir una nueva vida en un país pagano, y al escoger esto último se equivocó. No le fue mejor en la tierra de los moabitas. Cuando salió de Israel estaba en una posición económica buena, pero regresó con las manos vacías (1:21). De Israel se fue con hambre, pero con una familia. Ahora en Moab se encuentra igualmente necesitada pero sin su marido y sin sus tres hijos. Ella pensó que las cosas le irían mejor, pero sucedió todo lo contrario. Y en todo su infortunio ella reconoce la mano del Señor (v.21).

En nuestra vida llega el momento en que tendremos que escoger entre dos caminos, entre dos formas de vida. Debemos escoger si servir al Dios de la Biblia junto a su pueblo o por el contrario vivir el resto de nuestra vida en las tierras extrañas de un mundo que no reconoce a Dios como su Señor. 

Quizá nos parezca que en el mundo sin Dios encontraremos más prosperidad y felicidad que junto al pueblo del Señor. Quizá nos parezca que falte el pan al pueblo de Dios y que sin embargo hay abundancia entre los que viven sin Dios y sin esperanza, pero no es así.

El Señor nunca desampara  a su pueblo. Si la escasez llega al pueblo de Dios, durará  poco. Noemí lo comprobó, aunque para entonces ya la tragedia había llegado a su vida (v.6).

La segunda lección que aprendemos de Noemí es que ella

2. SUPO RECTIFICAR A TIEMPO.

Noemí dejó su lugar en un pueblo pagano y se fue a vivir a Belén (1:7), y allí encontró a un pariente cercano que se casó con Rut, su nuera viuda y la felicidad llegó a su vida.

Cuando sientas que viviendo donde vives y de la manera que pasas tu vida no eres feliz sino todo lo contrario, cuando esa manera de vivir no te da la felicidad que deseas y sí la amargura que no deseas, debes acudir a aquel que nació en Belén, “la ciudad del pan”, a Jesucristo, porque sólo él se ha atrevido a decir sobre la tierra "yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá  hambre y el que en mí cree no tendrá  sed jamás".

El es nuestro pariente cercano que redime a todo aquel que se le con verdadero arrepentimiento y fe. Jesucristo nos redimió a nosotros los creyentes porque pagó para salvarnos un alto precio. Dicen las Escrituras que los creyentes hemos sido "comprados por precio" y que Jesucristo no pago ese precio "con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de nosotros".

Los creyentes evangélicos no creemos en la salvación por las obras, sino que creemos en la obra de la salvación "hecha una vez para siempre" por medio de Jesucristo, pues la Palabra de Dios dice que "todo aquel que en El cree tiene vida eterna".

0 comentarios: