26 de julio de 2011

Jesús enseña de prioridades

¿Qué cuesta seguir a Cristo? Cierto es que no tenemos nada que pagar por la salvación porque ya Cristo lo hizo. Pero una vez que nos convertimos ¿qué sucede? Somos seguidores de Jesucristo y esto sí que va a exigir algo de nosotros.

Dios no es demasiado exigente, pero sí que pide algunas cosas a aquellos que El redimió. Debemos conocerlas muy bien, ya que los creyentes nos hemos convertido en seguidores de Jesús y esta decisión nos ha comprometido en una obra de gran desgaste.

Muchas veces oímos mensajes que hablan de Jesús como el Salvador. Y como tal él no exige nada, sólo creer. Pero no olvidemos que ese mismo Jesús es también el Señor de todo, también de nosotros.

Debemos recordar nuestro compromiso; recapacitar acerca de la obra que ya hemos concluido, ver también lo que hemos dejado atrás sin hacer y considerar acerca de la labor que nos queda aún por delante, como dice el Señor en Lucas 14:28-30.

Cuando conocimos al Señor, nuestras vidas estaban completamente desordenadas. Por eso, aunque el Señor requiere de nosotros muchas cosas, todas ellas se resumen en una sola y es "QUE ORDENEMOS BIEN NUESTRAS VIDAS", que establezcamos en ellas lo que es más importante, lo que es primero sobre todo lo demás, tal y como El enseña en su Palabra. En definitiva, si queremos ser obreros de valor, debemos establecer una serie de prioridades.

En Mateo 6:25-34 el Señor enseña acerca de las prioridades. Aquí están todas las NECESIDADES del hombre, pero en un orden determinado (vestido, cuerpo, alimento, vida, justicia del Reino de Dios y Reino de Dios). Vemos entonces que ocupan el primer lugar las necesidades del Reino de Dios; la búsqueda de la justicia se queda sin fundamento cuando no está la justicia del Reino de Dios; la vida se queda sin fundamento cuando no se busca la vida como instrumento para la justicia del Reino, la búsqueda del alimento se queda sin fundamento cuando no se pone al servicio de la vida; y así sucesivamente. Las necesidades son carencia de algo, pero carecer del Reino de Dios es carecer de todo.

Pero Jesús también pone el orden correcto en cuanto a nuestros INTERESES PERSONALES (Mateo 8:18-22).

"Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre"; quería dar a Jesús un lugar importante en su vida, pero no el primero. "Deja que los muertos entierren a sus muertos"; la lealtad a Jesús tiene prioridad sobre toda la relación humana. El discípulo no tiene que olvidarse totalmente de otros intereses, pero la voluntad de Cristo tendrá siempre el primer lugar.

En otro lugar dijo el Señor "si alguno viene a mi, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo". ¿Quiere decir esto que literalmente debemos aborrecer a nuestro padre, etc.? Evidentemente no, ya que en otro lugar el Señor dice "honra a tu padre y a tu madre" y también "amad a vuestras mujeres". Lo que enseña es que Él debe estar por encima de nuestras relaciones personales y ser el primero en ellas.

También el Señor nos habla de prioridades en NUESTRA VIDA INTERIOR (Mateo 16: 24-27). Se dice  que las peores guerras son las guerras civiles. Bueno, pues aquí el Señor nos enfrenta contra nosotros mismos. La lucha de la carne y el Espíritu que escribió Pablo en Romanos 7: 15-25.

Pablo consiguió ordenar su vida interior negándose a sí mismo. Es la única manera de tener orden dentro de nosotros y es la única manera también de seguir a Cristo. Nuestros deseos deben ocupar un segundo lugar después de Cristo. 

Y luego de haber hecho esto "tome su cruz y sígame"; la cruz, en este caso, es voluntaria, y significa la negación de sí mismo. Es todo lo opuesto a la comodidad y el respeto que se busca en el mundo.

Alguien dijo que hay vidas que parecen un barco sin naufragio y sin estrella, porque nunca terminan de hundirse, pero jamás encuentra la ruta.

Es necesario que ordenemos bien nuestras vidas de acuerdo a las prioridades que Cristo nos enseña en cuanto a nuestras necesidades, nuestros intereses y nuestro ser interior. Sólo así seremos dignos discípulos de Cristo y no viviremos vidas espiritualmente mediocres.

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