17 de junio de 2011

Las apariencias

Dijo el Eclesiastés que hay tiempo para todo. Bueno, esto es cierto según se entienda. Y digo esto porque esto de que hay tiempo para todo es mal entendido a veces y entonces se puede correr un gran riesgo.

Hay tiempo para todo, pero también todo tiene su tiempo debajo del sol. Cada cosa a su momento, cada momento tiene su lugar en el tiempo. No debemos por lo tanto mezclar tiempos ni lugares porque entonces nos equivocaremos y las cosas no nos irán todo lo bien que deseamos.

Todo tiene su tiempo, pero hay una sola cosa para la que no hay tiempo y para lo que únicamente no hay tiempo es para perderlo. En esta vida el tiempo no es ilimitado, sino escaso. Debemos aceptar eso y conducirnos en la vida sabiendo esto, que no tenemos todo el tiempo del mundo.

Incluso el diablo, que es astuto, sabe esto (Apocalipsis 12:12).

Creyentes e incrédulos estamos expuestos al grave error de perder el tiempo, unos se juegan la salvación y su futuro eterno y otros las bendiciones de Dios y una vida espiritual satisfactoria y agradable al Señor.

Hoy vamos a hablar acerca de cuatro personajes bíblicos que no fueron conscientes de que hay un tiempo para cada cosa y perdieron su tiempo. Y también vamos a conocer a otros dos personajes que sí supieron aprovechar bien su tiempo. Unos incrédulos, otros creyentes, porque todos, creyentes e incrédulos, debemos redimir o aprovechar bien el tiempo.

1. EL RICO.

Esto le sucedió al rico de la parábola (Lucas 12:19 y 20). Pensaba que su vida iba a durar para siempre, o al menos que le quedaba mucho tiempo todavía para disfrutar de sus riquezas y no fue así. Nunca pensó en atesorar tesoros en el cielo y lo perdió todo.

2. FÉLIX EL GOBERNADOR.

También sufrió de este espejismo espiritual el gobernador romano Félix (Hechos 24:25). Félix se sintió aterrado, dice que al oír el testimonio de Pablo, se espantó. Pero en vez de hacer frente a la realidad, rehusó aprovechar el momento oportuno y dejó su decisión para más tarde, y esta decisión nunca llegó, debiendo hacer frente a la justicia de Dios sin posibilidad de salvación. Creyó que tenía todavía tiempo y se equivocó.

3. LA ESPOSA DE CANTARES. (Cantares 5: 2-6).

El creyente que cae en este error por comodidad o cansancio. Era tiempo de abrirle a su Señor y estar con él en comunión.

4. MARTA (Lucas 10: 38-42).

El creyente que por estar demasiado atareado con las cosas de esta vida deja las ocupaciones espirituales a un lado.

5. EL CARCELERO DE FILIPOS.

El quinto caso lo encontramos en el carcelero de Filipos (Hechos 16:27-34).

Es ejemplo para el incrédulo.

Creyó equivocadamente que todos los presos habían huido, pero se equivocaba y al darse cuenta de su error, no se queda tranquilo, sino que muestra su deseo de conocer algo más de aquellos presos cristianos y les pregunta ¨qué debo hacer para ser salvo?”.

A. Se interesó en la salvación.

B. No la dejó para más tarde.

C. Puso de lado sus propios intereses y su posición para buscar el perdón y la misericordia del Señor Jesucristo.

6. SAMUEL.

El ejemplo para el creyente.

Era tiempo para dormir, no era hora de estar velando, pero al oír la voz del Señor estuvo dispuesto a acudir rápidamente

Juzgar según las apariencias es algo humano. Nosotros no podemos saber la verdad de las cosas sólo con verlas. En esto no se equivocaron los seis personajes bíblicos de los que hemos hablado hoy. Pero en una cosa sí que se equivocaron los dos primeros, y es en emitir juicio o tomar una decisión o dar una respuesta a un tema trascendental como su futuro eterno sin ahondar más, sin querer llegar hasta el fondo de la cuestión.

El carcelero de Filipos sí acertó en esto.

Dice la Palabra de Señor que El no mira la apariencia, sino el fondo de todo asunto, el corazón (1 Samuel. 16:7). Así, también se nos exhorta a todos a fiarnos de las apariencias, que son engañosas, que pueden ser espejismos, que nos pueden engañar y fijarnos más bien en el fondo de todo asunto, en el corazón (2 Corintios 5:12).

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