7 de mayo de 2011

Palabras de vida eterna

Lectura bíblica: Isaías 32:1-8, Juan 6:57-69.

INTRODUCCIÓN.

Quisiera meditar acerca de la obra del Hijo en nosotros, según estos versículos del evangelio de Juan.Hay muchos seguidores de Cristo en este mundo; muchos dicen creer en él e incluso dedican su vida a servirle. Sin embargo, a veces las apariencias engañan y en el corazón hay cosas que están por encima del Señor.

Jesús también tenía muchos discípulos que le seguían a todas partes cuando salía a predicar; no eran sólo los doce apóstoles sino que habían muchos más que le aclamaban, le escuchaban con interés, le pedían sanidad, etcétera. Sin embargo, a la hora de la verdad sólo los que habían creído en él de forma sincera acabarían permaneciendo a su lado.

En Juan 6:57-59 Jesús estaba en Capernaúm y como era su costumbre fue a la sinagoga a hablar de la Palabra de Dios. Los judíos le consideraban un maestro, uno más de entre otros, sin darse cuenta de que ante ellos tenían al mismo Dios Todopoderoso hecho hombre, el Mesías del cual habían profetizado sus padres.

Jesús como Dios conoce los pensamientos y hasta lo más profundo de nuestros corazones, y sabía que esos judíos no creían en él verdaderamente (Juan 6:25-26). Así pues, Jesucristo les muestra el camino hacia el pan espiritual que era el que realmente necesitaban, comparándolo con el maná que sus antepasados comieron en el desierto.

Aquellos judíos estaban recibiendo una gran oportunidad de parte de Dios. Había llegado el día de salvación y Jesús les estaba diciendo cómo llegar a ella. Pero en su corazón no era lo más importante la Palabra ni Cristo, ni nada de eso, sino las tradiciones, sus padres y su historia.

Jesús les estaba ofreciendo algo más valioso que el maná que comieron en el desierto, un mensaje más importante que el de Moisés. Para ellos esto fue una ofensa y uno tras otro comenzaron a apartarse del Señor (v. 60-61). No fueron capaces de aceptar ese mensaje, y eligieron continuar con sus tradiciones antes que aceptar el pan de vida eterna.

No debemos caer en el error de pensar que esta predicación fue un fracaso, o una sorpresa el hecho de que empezaran a dejarle solo, porque sabía perfectamente lo que iba a ocurrir y no solamente ese día sino también dentro de poco con Judas (v. 64).

El mensaje de Jesús sigue vigente hoy en día, y El Señor está esperando a que dejemos atrás el mundo para comenzar un nuevo camino. Vamos a ver cuáles son los pasos que nos llevan a convertirnos en hijos de Dios, que no sólo son herederos de la vida eterna sino que llevan una vida de bendición en este mundo.

1. CREER EN EL EVANGELIO.

El Señor no necesita nada de nosotros, no le hace falta que le demos ningún bien o cualquier otra cosa, sino que por amor y misericordia ha tenido la iniciativa de acercarse al ser humano para que fuéramos nosotros los beneficiados. Él vino a traer vida eterna, salvación, gozo, paz y seguridad a nuestras almas.

Jesús le pregunta a los doce si ellos también iban a dejarle, y entonces Pedro pronuncia unas de las frases más grandes que nadie haya podido decir en su vida (v. 68-69). Ha habido muchas frases célebres de famosos o de personas importantes: Sigmund Freud dijo "uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras", o "el mayor error del ser humano es olvidar los errores que ha cometido".

Todas estas frases pueden ser muy bonitas, muy profundas y llenas de sabiduría, pero ningunas como las de Pedro, porque fueron pronunciadas bajo la dirección del Espíritu Santo, salieron de su corazón, y creer de verdad en ellas nos llevan directamente a la vida eterna. Así que si hay gente que se dedica a estudiar y meditar en las frases célebres de los sabios, mucho más debemos meditar en estas palabras de Pedro, porque pueden llegar a cambiar para siempre nuestra vida y nuestro futuro: son PALABRAS DE VIDA ETERNA.

Los discípulos dieron el primer paso hacia la vida eterna. Creyeron de verdad en Jesucristo como el Mesías y el Dios verdadero, no estaban buscando simplemente el pan de cada día o escuchar a un maestro más. Ellos sabían que tenían delante a Dios, y que lo que salía de su boca eran mucho más que simples palabras. En la enseñanza de Jesús está el camino a la salvación, y al perdón de pecados. (v. 37-39).

Esto sí que merece la pena ser buscado y deseado con todas nuestras fuerzas, por encima de cualquier otra cosa. Podemos tener nuestras convicciones, nuestras tradiciones o valores, incluso nuestra cultura puede llegar a ser muy importante como le ocurría a los israelitas, pero Dios y su palabra están por encima de todo eso.

Hay personas que dedican su vida por completo a conseguir una meta. Hace un tiempo salió en televisión un hombre que llevaba un montón de años construyendo una catedral con objetos reciclados él solo. También vi un documental de otra persona que su mayor objetivo era el de construir el coche más rápido del mundo, y llegó a correr a casi 500 kilómetros por hora.

Los que iban detrás de Jesús sólo querían un poco de pan para llenar el estómago y seguir con sus tradiciones. Los apóstoles tenían claro cuál era su meta: la vida eterna. Aquí habla Pedro, pero su sentimiento lo comparten los otros apóstoles excepto Judas. Está claro que ellos eligieron la mejor opción.

"Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna". ¿A dónde vamos a ir, si sólo Jesús es el camino a la salvación, si sólo él es el verdadero Dios? Hoy en día hay también muchos maestros, muchos caminos, muchas cosas importantes en la vida. ¿A qué estamos dedicando la nuestra?

La única decisión de la que seguro que no nos vamos a arrepentir es la de seguir a Cristo. Él nunca falla. En su día salió a predicar el evangelio por la calle y las sinagogas, y hoy también ha venido a llamar a la puerta de nuestros corazones para ofrecernos palabras de vida eterna. Sólo hay dos opciones: no creer y dejarle solo, o creer, conocerle y vivir a su lado; no hay término medio.

2. PRACTICAR EL EVANGELIO.

También como cristianos debemos tener cuidado de a qué estamos dedicando nuestra vida. No es suficiente con una frase bonita como la de Pedro. Dios quiere más de nosotros (v.27-29). Debemos creer pero también dar un segundo paso y poner en práctica las obras de Dios, y para esto primero hay que conocer cuáles son esas obras.

Los apóstoles permanecían al lado de Jesús siempre, le servían en todo lo que les pedía, tenían un profundo deseo por aprender y aplicar las enseñanzas del evangelio a ellos mismos, aunque algunas veces no entendieran muy bien lo que El Señor les estaba diciendo, así que es imprescindible que la Iglesia permanezca al lado de Jesús para aprender de él y llevar a la práctica lo que dice el Evangelio (v. 45).

Muchas veces los cristianos nos podemos relajar y aunque no le dejemos sí que nos apartamos un poco, descuidando lo que dicen esas palabras de vida eterna, así que debemos tener cuidado de no olvidar a Jesús en lo más cotidiano.

No es una carga sino una gran bendición poder practicar el Evangelio en cada momento de nuestras vidas. Hablar del Evangelio en nuestro trabajo o con nuestra familia sin que nos dé vergüenza, apartarnos de las costumbres del mundo que sabemos que no son del agrado del Señor, aunque vayamos a contracorriente y nos señalen con el dedo,  amar al hermano en la fe y al que no lo es, perdonando y olvidando si hemos tenido algún problema, etc.

Los hijos de Dios también debemos renunciar a todo para seguir a Cristo. Parece que esto entre los cristianos está bastante claro, pero a menudo no lo está tanto. No es fácil despojarse del viejo hombre. Tampoco es fácil dejar a un lado aquello que nos gusta hacer y que no es necesariamente pecado, pero que está siendo un estorbo a la hora de tener una mejor relación con El Señor, como aficiones, pensamientos, costumbres (v. 27a).

Esto no quiere decir que no podamos tener aficiones o dedicarle tiempo a hacer lo que nos gusta, pero sí que tenemos que valorar si hay algo en nuestra vida que pueda estar impidiéndonos servir al Señor como Él quiere en los ministerios de la Iglesia o en la meditación de su Palabra, bien sea porque nos quite tiempo o porque nos esté distrayendo. Si es así, es momento de trabajar por la comida que a vida eterna permanece, como dijo Jesús, hacerle caso y tomar la decisión correcta de acercarnos aún más a su presencia.

CONCLUSIÓN

Pedro y los demás apóstoles se dieron cuenta de algo que no vieron todos aquellos que dejaron solo a Jesús: y es que no tenían nada que hacer si se separaban de él. Jesucristo debe ser imprescindible en nuestras vidas, por tres razones.

  • Nos da vida. Los judíos confiaban en sus padres, sus tradiciones. Hoy en día el mundo pone su confianza en la ciencia, en otro hombre, o en cualquier otra cosa, pero de todos estos caminos el único que lleva a la vida es Jesús. Los demás están destinados al fracaso (Juan 14:6).
  •  Nos da a conocer al Padre. Él vino a este mundo para traer la salvación. Nosotros por culpa del pecado no éramos capaces de conocer al Padre ni mucho menos de acercarnos a Él, pero Jesús, Dios hecho hombre, lo ha hecho posible (Juan 14:7-9). Es el camino del incrédulo para llegar a tener una relación personal con Dios.
  • Nos enseña. Él ha venido a enseñarnos, cumpliendo la profecía de Isaías 54:13, y fijaros lo que produce su enseñanza: que nuestra paz se multiplique. En este mundo ha habido y sigue habiendo muchos sabios, se han pronunciado muchas frases célebres, ha habido muchas teorías filosóficas que han intentado dar explicación a la vida, pero realmente lo único que puede llenar de paz nuestros corazones es el evangelio.

Jesucristo ha venido a nosotros, está llamando a la puerta de nuestros corazones. Los judíos lo tuvieron delante predicando en persona, nosotros tenemos su Palabra que nos enseña la voluntad de Dios.

Aunque hace dos mil años que esto sucedió, la decisión que debemos tomar es exactamente la misma. ¿Qué es lo más importante para nosotros en la vida? Puede que sea conseguir un plato de comida o distraernos un rato escuchando un maestro que diga palabras bonitas, o a lo mejor conservar nuestras tradiciones y que nadie se meta con ellas.

Los apóstoles tomaron la decisión correcta: "¿A quién iremos, Señor? Tú tienes palabras de vida eterna". Si nos apropiamos de esta confesión y creemos realmente que es así, esa vida eterna va a ser nuestra.

Quiero finalizar leyendo una profecía que ya se ha cumplido en la persona de Jesús:

" Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.
He aquí que yo lo dí por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones.
He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.
Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano".  
Isaías 55:3-5.

Gloria a Dios por ello. Que El Señor nos bendiga.

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