23 de mayo de 2011

Jesús, causa de división

Lectura bíblica: Mateo 10:26-39.

El hecho de que Jesucristo diga que ha venido a este mundo para traer división parece una contradicción con el resto del Evangelio, que en la Palabra se nos presenta como un mensaje de paz, de buenas noticias, y de alegría. Pero hoy veremos que no hay ninguna contradicción.

En estos versículos Jesús está predicando en la calle, rodeado de sus discípulos a los que llama para darles algunas instrucciones (10:5). El Señor quiso apartar un tiempo especial para preparar a los apóstoles ante su futuro como siervos de Dios. Es importante que aprendamos de esto que hizo Jesús. En un mundo en el que todos van siempre corriendo y deprisa, necesitamos como discípulos suyos apartar un tiempo especial para profundizar en las Escrituras, y así estar mejor preparados.

En este momento hacía muy poco tiempo que los apóstoles habían sido llamados a seguir al Señor, y en esa vida nueva seguro que tenían dudas y temores. Cristo lo sabía y quiso darles un mensaje de ánimo, pero también de responsabilidad.

La vida cristiana no es fácil pero El Señor nos provee de lo necesario para seguir adelante cada día, y estos versículos que al principio pueden sorprendernos o extrañarnos, son una bendición cuando los comprendemos y luego se llevan a la práctica. Jesucristo nos enseña a través de ellos a ser buenos discípulos; vamos a ver de qué manera.

1. DIOS NOS DA ÁNIMO.

El v. 26 dice que todas las obras van a salir a la luz y serán conocidas por Dios, ya sean buenas o malas. Este es un mensaje de ánimo para el creyente porque sabemos que cuando sufrimos por causa del servicio a Dios, él nos está viendo. Cuando pasamos malos momentos como cristianos e incluso nos hemos llegado a sentir solos o incomprendidos, al menos El Señor todopoderoso sabe lo que sentimos y en su día nos recompensará en público.

El discípulo no necesita dar publicidad de su trabajo o de su santidad como hacían los fariseos, porque esto sería un pecado. Antiguamente los científicos y los que se dedicaban al arte necesitaban alguien con poder e influencia que los acogiera y los mantuviera, para que pudieran hacer ese trabajo tan valioso. Esta persona era el mecenas, nobles o incluso reyes, y daba tranquilidad a esa persona que podía hacer su trabajo y dar un fruto del que luego se beneficiaba toda la humanidad.

Personas tan importantes como Leonardo Da Vinci o Miguel Ángel tuvieron su mecenas que a cambio no le pedía dinero, sino que hiciera una obra de provecho para la humanidad o bien que fuera de gozo personal para él cada vez que contemplara su trabajo.

Dios será nuestro valedor, nuestro mecenas y el que en esta vida nos da la confianza. Él hace su parte supliendo nuestras necesidades, protegiéndonos y repartiendo dones. Nosotros debemos hacer la nuestra siendo agradecidos y dando fruto en abundancia, para que El Señor se puede gozar cada vez que contemple nuestro trabajo. 

Esto no quiere decir que para ser salvos necesitemos hacer grandes obras, sino que servir a Dios produce bendiciones para nuestra vida, seremos cristianos más fuertes y maduros, cumplimos el propósito para el que hemos sido llamados y además estamos alegrando al Señor.

2. DIOS NOS DA UNA RESPONSABILIDAD.

Volviendo a las palabras de Jesucristo, este mismo mensaje que para el cristiano fiel es de bendición y ánimo, para el no creyente es una advertencia que debe de tomarse en serio. Llegará el día en que todos rendiremos cuentas ante Dios, y si nuestros pecados salen a la luz sin haber sido limpiados por Cristo, nos espera la condenación eterna (v.28).

Hemos sido llamados a temer a Dios, pero no en el sentido de tenerle miedo sino de respeto, amor, obediencia y servicio, por ese orden. Temer a Dios significa tener fe y confianza en Él y sentir amor por su nombre, y aquel que le ama siente el deseo irresistible de adorarle y servirle, de anunciar a todo el mundo que ama a Dios (v. 30-32).

El mensaje de las Escrituras no es sólo de paz y amor sino también de justicia. El Evangelio de Jesucristo es muy importante, porque creyendo en él es la única manera por la que podemos ser salvos. El Señor nos manda a todos a que salgamos a la calle a predicarlo (v.27).

La gente tiene que saber que por su desobediencia hacia Dios está separada de Él y condenada, que Jesucristo vino a este mundo hecho hombre muriendo en la cruz y resucitando para pagar el precio de nuestra salvación, y que es necesario que nos humillemos ante él, reconozcamos que somos pecadores y en oración le pidamos que entre en nuestro corazón para darnos vida nueva, y hacernos sus discípulos.

Si en el día de hoy hubiera alguien que todavía no ha dado este paso, le invito a que lo haga. La reconciliación con Dios es un paso que tiene que dar todo el mundo, y algo que no puede dejarse para otro momento. El momento es ahora. Muchos no quieren creen en Dios para no perder la supuesta libertad que les da el mundo, pero realmente el mundo nos tiene esclavos del pecado, porque no nos deja acercarnos a Dios ni comprender lo maravilloso y grande de su plan para nuestras vidas.

La iglesia ha sido llamada para decir este mensaje a todo el mundo, para sacarlo como una luz que alumbre en un mundo en las tinieblas del pecado. Tenemos un trabajo muy importante que hacer y debemos examinar nuestra vida para ver si estamos cumpliendo con esa responsabilidad. Es momento de dejar a un lado las prisas y las obligaciones de este mundo, y sentarnos un momento a pensar en cómo es nuestra relación con El Señor (Marcos 16:15-16).

Debemos preguntarnos si hacemos todo lo que podemos por predicar el Evangelio o desaprovechamos las oportunidades que Él nos ofrece; si nos tomamos en serio nuestro servicio a Él o si sólo le servimos con el tiempo que nos sobra, o siempre que no haya nada mejor que hacer; si Él es lo más importante de nuestras vidas, o si cuando tenemos que elegir entre servir a Dios o disfrutar del tiempo libre, de nuestra familia o de nuestra pareja, elegimos lo segundo.

Dios tiene que ser la prioridad en nuestras vidas y todo lo demás es secundario, sin necesidad de llegar al extremo de descuidar nuestras obligaciones personales de familia y trabajo. Hay miles de personas a nuestro alrededor sin esperanza, necesitadas del Evangelio del cual somos portavoces.

3. EJEMPLOS DE DIVISIÓN POR CRISTO.

Todo esto implica una gran bendición pero al mismo tiempo necesita que renunciemos a algunas cosas, y aquí llega el momento en el que comprendemos por qué Jesucristo nos dice que viene a causar división.

Dice en Mateo 10:34 que el mensaje de Jesús va a traer espada a la tierra. En Lucas 12:49 dice que viene a traer fuego. Si vemos la historia del cristianismo a través de los siglos nos damos cuenta de que esto ha sido una realidad. La iglesia ha sido perseguida y los creyentes desde Estéban hasta los días de hoy en algunos países están siendo encarcelados, maltratados y muertos por el nombre de Jesús.

El Señor mismo causó algunas veces división entre los judíos cuando llevaba a cabo su ministerio, por ejemplo en Juan 7:12. Algunos decían que era malo, otros que era bueno, unos que era enviado de Satanás, otros que un profeta, y una minoría creía en él como el verdadero Hijo de Dios. En Juan 7:42-43 el pueblo se dividió entre los que creían que el Mesías y los que pensaban que era un farsante.

También en Juan 9:16 vemos que incluso entre los fariseos, que tenían un gran conocimiento de la Ley, había división sobre quién era Jesús y si su mensaje era verdadero o no. Otro ejemplo lo tenemos en Juan 10:17-19 cuando es sanado un ciego de nacimiento y Jesucristo dice que lo ha hecho porque es hijo de Dios y tiene autoridad para ello.

Podíamos seguir mirando ejemplos de división por causa del Evangelio porque hay muchos en la Palabra. Pero creo que es importante que nos hagamos una pregunta: ¿Cuál es el motivo para que un mensaje de paz y salvación provoque división, cuando lo que debería provocar es alegría y agradecimiento? La respuesta se puede resumir en dos palabras: El pecado.

Hace dos mil años rechazaron al Señor cuando proclamó que era el hijo de Dios, hasta el punto de que llegaron a matarle azotándole, despreciándole, escupiéndole a la cara y al final crucificándole. Esto no lo hicieron los judíos y los romanos porque fueran peores que nadie, sino que hoy en día después de veinte siglos la gente sigue rechazando el mensaje de salvación.

Un creyente va a tener división en su casa si su esposa o esposo no son cristianos. Los que habéis vivido esto sabéis lo difícil que es y los roces que hay cuando llega la hora de venir al culto y él o ella quieren dedicar el domingo a otra cosa. También hay división con nuestra familia cuando participan de celebraciones que van en contra de la Palabra y somos los únicos que no vamos, incluso cuando acaban enfadándose con nosotros por no haber ido.

Hay división con nuestros hijos cuando intentamos darles una educación cristiana y ellos prefieren vivir a su aire, no viniendo a la iglesia y mezclándose con el mundo. También con nuestros compañeros de trabajo o de estudios, cuando se burlan de nosotros si les hablamos de la Palabra. Ahora si volvemos a leer Mateo 10:34-36 comprenderemos mejor por qué dijo esto Jesús.

CONCLUSIÓN.

Nuestra naturaleza tiende a darle la espalda a las cosas de Dios, y por eso una persona convertida es un milagro. Cada uno de los creyentes que estamos aquí sentados somos un milagro, porque somos la prueba de que Dios tiene poder para transformar lo más profundo del corazón. Antiguamente estaríamos aprovechando el domingo para ir al campo, a dar un paseo o quedarnos descansando en casa, pero gloria a Él que estamos aquí adorándole.

Hubo personas que dijeron ser creyentes, incluso que se acercaron a Jesucristo para escucharle y adorarle, pero que no estuvieron dispuestos a dejar a un lado algún aspecto de su vida anterior. Por ejemplo el joven rico de Mateo 19:21-22.

Ahora Jesucristo quiere que le sigamos renunciando por completo a nuestra antigua manera de vivir, aunque esto implique división con nuestros seres más queridos. El auténtico discípulo renuncia a todo por Cristo (Mateo 10:37-38).

Él no quiere que dejemos a nuestras familias y tampoco que abandonemos a nuestras mujeres o maridos, pero sí que demanda que en nuestro corazón sea su santo nombre lo más grande e importante. Si lo hacemos Él nos va a bendecir tanto a nosotros mismos como a nuestra propia casa.

Si aún no has conocido a Dios, debes saber que Él está esperando con los brazos abiertos a todo aquel que desee aceptarle. Ser cristiano no significa dejar de disfrutar de la vida, todo lo contrario, porque afrontamos el futuro con una paz que el mundo no tiene, sabiendo que en su día nos veremos cara a cara con El Padre celestial, y allí estará Jesucristo para decir que murió por nosotros, y entonces Él nos recompensará en público dándonos la entrada al cielo.

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