30 de mayo de 2011

Felipe y el etíope

Lectura bíblica: Hechos 8:26-40.

En estos versículos vemos la historia de una conversión. El Etíope es una persona que proviene de un pueblo que en la Palabra de Dios se describe como mundano, pagano y realmente duro de corazón, pero este hombre era alguien especial.

Etiopía era un país que tenía mucha riqueza y recursos naturales. En aquella época era más grande que hoy en día y ocupaba además de lo que es hoy Sudán hasta el sur de Egipto, a todo lo largo del Nilo, y tenían una relación comercial importante con los pueblos de alrededor y también con Israel.

Seguramente este etíope había conocido las Escrituras en cualquier contacto con los israelitas, aprovechando esa relación de negocio, o por su cercanía con el círculo de gobierno. Él era funcionario de Candace, reina de los etíopes, y por tanto una persona con poder e influencia.

Era eunuco, aquellos hombres castrados que se encargaban de administrar las cosas del interior de palacio y estaban en el círculo más próximo a la reina. Concretamente este funcionario iba en una comitiva al cargo de los tesoros reales (v.27).

Llama la atención que todo ese poder que tiene no le impide mostrar también una actitud de humildad y sumisión a la hora de leer las Escrituras, y acudir a Jerusalén para adorar a Dios, un Dios que ni siquiera es el de su pueblo. Tenía un problema, y es que a pesar de tener las Escrituras y leerlas habitualmente no era capaz de comprenderlas.

Sin embargo, El Señor pone a otra persona para que se encuentre con él en el camino. Esta persona es Felipe, un diácono de la iglesia de Jerusalén, un hombre con conocimiento de las Escrituras del Antiguo Testamento, de la obra de Jesucristo, y además alguien fiel con un buen testimonio.

Felipe estaba predicando el Evangelio en la zona de Samaria, pero el Espíritu Santo le guía hasta el camino que va desde Jerusalén hacia Gaza, al sur, para que le hable del evangelio a este funcionario de la reina Candace (v.26).

Están en un desierto, un lugar donde la vida es difícil y escasa pero no imposible. En este sitio tan duro se va a producir una nueva vida espiritual. La iglesia también atraviesa un desierto, este mundo no quiere saber nada de Dios, se burla de las Escrituras, hay una gran falta de fe y de temor por las cosas espirituales yendo cada uno a lo suyo. 

Por eso ver cómo una persona da testimonio público de haber aceptado a Cristo en el corazón es motivo de gozo. Un cristiano  es un milagro y un tesoro muy valioso para Dios, mucho más que ese oro sobre el que estaba sentado el etíope, y no porque seamos mejores, sino por su misericordia.

Este funcionario tenía verdadero interés por conocer el mensaje de Dios, pero no era capaz de comprenderlo. Sin embargo El Señor provee de un siervo suyo para que le presente el Evangelio y le interprete lo que decían los profetas (v.28-31).

Para ser un verdadero cristiano no es suficiente con tener interés, sino que además hay que abrir el corazón, creer de forma sincera en Cristo Jesús y recibir al Espíritu Santo en el corazón. Dios no rechaza a nadie. Si realmente queremos conocerle y dejar atrás la vida de pecado Él va a venir a nuestras, va a proveer de lo necesario para que lleguemos a tener una relación personal con Él. Todos tenemos la oportunidad de hacerlo, porque Jesús dijo "El que a mí viene no le echo fuera" (Juan 6:37).

Este hombre leía la profecía de Isaías 53, donde se anuncia la venida de Jesús para morir en la cruz y es el pasaje que Felipe comienza a explicarle (v.32-33). Aquí tenemos el mensaje de buenas noticias, la esencia del Evangelio.

Para ser salvo hay que creer que todos somos pecadores y estamos separados de Dios y por ello condenados. También que sólo Jesucristo pudo pagar el precio para limpiarnos de esos pecados, muriendo en la cruz en lugar nuestro.

Él pagó por algo de lo que no tenía culpa porque es el único sin pecado, él es Dios. Creer en Jesucristo nos lleva al perdón por los pecados y la reconciliación con Dios. Aquí llega el verdadero bautismo que nos da la salvación, al creer y recibir el Espíritu Santo (v. 34-35).

Ser salvo significa dejar atrás la vida de pecado que en el bautismo se representa con la inmersión en el agua, y pasar a tener una nueva vida, ser nueva criatura en Cristo que se representa con la salida del agua (2ª Corintios 5:17-18).

El etíope le hace una pregunta a Felipe en el v. 36. Hay cosas que pueden impedir que seamos bautizados en el sentido literal. Y es que aunque esto sea un símbolo no debemos tomarlo a la ligera, porque el bautismo es una ordenanza de parte de Jesús (Mateo 28:19).

En el v. 37 tenemos los requisitos necesarios para que una persona pueda bautizarse. Primero hay que creer. No vale simplemente como hizo este funcionario al principio con tener cierto interés o con guardar las costumbres religiosas yendo a un lugar incluso a adorar. El Señor mira nuestros corazones, es lo que realmente le importa, y si guardamos una apariencia de piedad o de santidad sin haber creído en el corazón de forma sincera, todo esto no vale para nada.

Si vienes a la iglesia por curiosidad, o por tradición, o bien porque tus padres o familiares también vienen y estás ya acostumbrado, debes saber que eso al Señor no le vale. Él quiere que en oración y arrepentidos reconozcamos ante Dios que estamos en pecado y le pidamos que nos perdone.

Lo segundo que puede impedir el bautismo es creer en la persona equivocada. El etíope dice "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios". Mucha gente busca a Dios pero lo hace en el lugar equivocado, yendo detrás de dioses falsos. Hay muchas vírgenes y muchos cristos de madera o de otro material, incluso personas que dicen ser ellos mismos el Cristo. Pero la Palabra de Dios dice que "Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1ª Timoteo 2:5).

Por último en el v. 38-39 vemos una transformación en el corazón del etíope. Antes estaba leyendo sin entender nada, quizá angustiado porque no alcanzaba a comprender el mensaje de esas Escrituras en las que estaba tan interesado. Pero ahora había recibido al Espíritu Santo, había bajado a las aguas del bautismo y su sentimiento se había transformado en gozo.

El Señor quiere transformar nuestras inseguridades y ansiedades en gozo. En el día de hoy quiero invitar a todos los que aún no hayan creído que Jesucristo es el Hijo de Dios a que lo hagan. Que El Señor nos bendiga.

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