21 de marzo de 2011

La esperanza en Cristo

Lectura principal: 1ª Corintios 15:12-22

INTRODUCCIÓN

Hay una novela magnífica de Miguel de Unamuno titulada "San Manuel Bueno, Mártir". Trata sobre la vida en un pueblo llamado Valverde de Lucerna, en la provincia de Zamora, al borde de un lago. Una mujer llamada Ángela cuenta sus recuerdos en el pueblo y sobre todo su relación con el cura, Manuel, al que el autor describe intencionadamente con un gran parecido a Jesucristo, física y espiritualmente.

Sobre todo se me quedó en la memoria el problema espiritual del protagonista,  Don Manuel. Dice que esta persona había perdido la fe en Dios pero no podía dejar de ser cura por el bien del pueblo y porque personalmente no tenía otra opción, así que se dedica a hacer su trabajo lo mejor posible y a aparentar que sigue creyendo en Dios y en lo que hace. Por ejemplo estando en la misa, cuando recitaban la parte del credo, dice "...Y al llegar a lo de creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable, la voz de Don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo, y era que él se callaba".

Me acuerdo también mucho de este libro porque Miguel de Unamuno utiliza un versículo que es 1ª Cor. 15:19 como introducción antes de comenzar la historia. En la versión utilizada en el libro parece todavía más duro: "Si sólo en esta vida esperamos en Cristo, somos los más miserables de los hombres todos".

Si lo leemos aislado de los versículos que le rodean parece una herejía; cuando leí por primera vez esta novela me impactó mucho y acudí a la Biblia para ver si era verdad que decía esto. Efectivamente lo dice, pero para comprender el por qué hay que leer el resto del capítulo 15 de 1ª de Corintios.

Lo que el apóstol Pablo está diciendo aquí es que si Cristo no hubiese resucitado sería un farsante y por tanto los cristianos tendríamos una fe inútil, pero deja claro en el resto del capítulo que sí que resucitó, que venció a la muerte y que la fe cristiana es firme y verdadera. Gracias a Dios el versículo 19 tiene un “pero” que es el versículo 20, del que no habla Miguel de Unamuno en su novela.

Llevo años pensando en este versículo y en todo el capítulo 15. Se se suele conocer porque habla de la doctrina de la resurrección, pero es importante porque también habla de la esperanza del cristiano y nuestra razón para vivir. De esto quiero compartir en esta mañana.

CONTEXTO DE CORINTIOS. Vamos a dejar de momento esta novela para meditar en la Palabra de Dios, que es la que trae bendición a nuestra vida. ¿Qué es lo que estaba pasando en Corinto para que el apóstol Pablo tuviera que hablarles sobre la doctrina de la resurrección?

Eran unos hermanos que habían recibido mucha influencia de la cultura y de la filosofía griega, y había división entre ellos, solían tener muchas discusiones y en este caso el motivo era debido a que algunos creyentes decían que no había resurrección de muertos y otros que sí (v. 12).

Pablo, que conocía bien a esta congregación, no comienza exhortándoles directamente,sino que sigue una estrategia y antes hace un razonamiento en los primeros once versículos. Comienza dejando claro que él no predica su propia palabra sino el mensaje de Dios mismo (v. 3a), y después de eso hace un pequeño avance de cuál es la doctrina correcta acerca de la resurrección (v. 3b-4), y continúa mostrando pruebas empíricas de que era verdad que Jesucristo había resucitado (v. 5-8).

Después de esto y sin que hubiera duda de la resurrección de Cristo, les presenta a los corintios el poder que tiene Dios para transformar una vida, poniéndose él como ejemplo porque sabía que los hermanos sabían muy bien cómo era Pablo antes de convertirse (v. 9-11).

Por último el apóstol expone las contradicciones en las que cae la falsa doctrina de que Cristo no resucitó (v. 12-22), y escribe ya con más detalle sobre cuál es la doctrina verdadera y sus bendiciones. El capítulo termina con un grito de victoria que es una maravilla, y en el que nos pararemos más adelante.

UN MENSAJE CON DOS PARTES.

El mensaje del Evangelio tiene dos partes, y precisamente por eso lo que trae son buenas noticias.

La primera parte es que Cristo murió, como dice en el v. 19 y también en el v. 3a. Muchos ven la muerte de Jesús como un fracaso de su ministerio y algunos incluso como la prueba de que no era el verdadero hijo de Dios, pero es todo lo contrario porque el propósito de su venida era precisamente el de morir por nuestros pecados (Isaías 53:5). Si esto no hubiera ocurrido las profecías no se hubieran cumplido y entonces sí que tendríamos razones para pensar que él no era El Señor.

Pero gloria a Dios porque hay una segunda parte, y es que resucitó al tercer día y ascendió a los cielos donde estará para siempre sentado a la diestra del Padre (v. 4, 20, e Isaías 53:12). Si esto tampoco hubiera ocurrido, de igual forma podríamos pensar que Jesucristo era un falso profeta.

El mundo cree en 1ª Cor. 15:19 pero no en 1ª Cor. 15:20, porque no reconocen que Jesucristo es Dios. No tienen problema en aceptar que murió, pero si piensan que es un hombre normal y corriente no pueden aceptar que hubiera resucitado. Pero los dos versículos son palabra verdadera de Dios y uno no puede ser aislado del otro.

Los cristianos sí que tenemos motivos para la esperanza en Cristo, porque el v. 19 tiene un "pero". Cierto que si creemos en un Dios muerto nuestra fe no sirve para nada, pero Cristo resucitó, venció a la muerte, algo que ningún líder, señor o dios (con minúscula) ha podido hacer. Sólo Él.

El cura del pueblo cometió un error porque seguro que había tenido la Biblia en sus manos gran cantidad de veces, pero no llegó a abrir los ojos para recibir su mensaje; permaneció ciego toda su vida. No perdió la fe, más bien nunca llegó a tener la fe verdadera. Nunca llegó a ser transformado por Dios, y en una parte de la novela dice que uno de sus principales problemas era que se sentía muy solo.

Dios ha venido a llenar el vacío en nuestras vidas con su amor y su poder. Vamos a hablar del poder de Cristo.

EL PODER DE CRISTO.

Me acuerdo de que teniendo once o doce años presencié un mimo donde al mismo tiempo que se hacían los movimientos se leían varios versículos. Uno de ellos era este v. 20.

Aquí habla de algo muy importante que son las primicias. Las primicias eran los primeros frutos del año, los más deseados y esperados, que los israelitas ofrecían como ofrenda de agradecimiento al Señor. Era una prueba de fe porque lo hacían con la esperanza de que después de esos frutos vendrían más que les iban a sustentar el resto del año.

Dice la Palabra de Dios que cuando llegue el momento todos resucitaremos, unos para salvación y otros para condenación. No voy a entrar en detalles sobre la doctrina de la resurrección, pero quiero compartir un mensaje que un día cambió mi vida y que puede cambiar la tuya: Que Cristo es el más importante de todos los que han muerto y resucitado, porque es el Hijo de Dios y es él quien ha hecho posible el plan de salvación del Evangelio y nos ha abierto las puertas de la vida muriendo en la cruz. En el v. 21 y 22 Pablo lo explica.

Con la entrada del pecado en el mundo entró también la muerte y la separación de Dios, y esto es algo que el ser humano no puede arreglar por sí solo. Necesitábamos ayuda para reconciliarnos con El Señor y no tener que pagar el precio de vivir en desobediencia, y Jesucristo con su muerte y resurrección reparó el daño y nos abrió el camino para que pudiéramos ser limpios y tener una relación personal con Dios. De Padre e hijo.

Debemos pararnos a pensar bien en la grandeza de esto, porque Dios no se limita a perdonarnos y luego a mantener un poco la distancia o a tener una relación normal, sino que además del perdón nos ha hecho sus hijos, nos ha dado su herencia, nos ha convertido en predicadores de su mensaje, y se ha hecho nuestro protector eternamente. Nos ha abierto las puertas de su casa, eso sí que es perdonar, Él sí que es alguien en quien tener esperanza (Isaías 53:6).

Me gusta mucho una frase que dice Pablo en el v. 10: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy". Él fue uno de los mayores perseguidores de la Iglesia en el S. I, fariseo hijo de fariseos y educado con los mejores maestros de la Ley, se dedicó en sus primeros años a matar cristianos. Cuando se convirtió, cada vez que visitaba una ciudad los hermanos se asustaban al verle entrar (Hechos 9:20-21).

Cristo transformó su vida y quiere transformarnos a cada uno de nosotros. No sé los pecados que podamos haber cometido cada uno de nosotros, sólo Dios lo sabe, pero tengo la certeza de que por muy graves que sean Él los va a limpiar si de verdad nos arrepentimos y le pedimos que nos perdone. Tampoco caigamos en el error de pensar que nuestros pecados son demasiado pequeños como para que Dios nos castigue por ellos, porque también dice la Palabra que en Adán todos mueren.

La fe, la esperanza en Cristo, es la que nos salva y no las obras.

CONCLUSIÓN.

Miguel de Unamuno fue un gran escritor, de los mejores del S. XX, y la novela "San Manuel Bueno, Mártir" es muy buena y puede leerse en menos de una hora porque es muy cortita y fácil de entender. Pero le falta algo en su mensaje. Los personajes son aparentemente muy religiosos, muy buenos, pero no tienen a Dios como lo más importante de sus vidas. El cura ha dejado de creer y el resto de personajes creen más en el cura que en Dios mismo.

Esta novela me sirvió para darme cuenta de que es muy importante que abramos la Biblia y profundicemos en ella, sobre todo cuando encontremos unos versículos que no lleguemos a comprender, o que estén enseñando algo diferente a la idea que pudiéramos tener preconcebida. La primera vez que me paré en 1ª Cor. 15:19 tuve un problema que desapareció al leer el v. 20. Seguiría teniendo ese problema hoy en día si no me hubiera parado a escudriñar las Escrituras. Es un mandamiento del Señor (Juan 5:39).

Después de estos versículos me surgieron dudas sobre la resurrección de la que habla después. Recuerdo que le pregunté a mi padre, incluso llegamos a debatir el tema en el grupo de jóvenes y me resultó complicado. Pero al final lo que eran dudas, se convirtió en conocimiento y en fortaleza.

Los que esperamos en el Cristo verdadero, el que murió, resucitó y ascendió a los cielos, sabemos que vendrá a por nosotros y que vencerá a todos los que han luchado contra él, contra su Palabra (v. 25). Quisiera hacer un llamamiento para que nos presentemos con humildad a los pies de Cristo y le entreguemos nuestra vida, si hay alguien aquí que no lo haya hecho todavía.

Los cristianos no seguimos a Jesús por miedo a un juicio o para evitar un castigo, sino por fe que es una certeza, una esperanza como dice en Hebreos 11:1. Tenemos la certeza de que Jesucristo es Dios, que él tiene poder para transformarnos quitando de nosotros el pecado, librándonos de la muerte que merecíamos, y dándonos un propósito para nuestra vida (v.55-57). Somos siervos, pero siervos agradecidos y llenos de amor. Nuestro Señor es nuestro mejor amigo y no ha hecho esclavos, sino libres del pecado y de la muerte.

Por último quedémonos con la conclusión que saca el apóstol en el v. 58. Seamos cristianos firmes, constantes y en continuo crecimiento. Los creyentes debemos tener gratitud, firmeza, constancia y crecimiento, en una palabra, el cristiano fiel tiene estabilidad espiritual, eso que el mundo tanto necesita y que no tiene porque rechaza a Dios.

Los cristianos no podemos estar sin hacer nada, limitándonos a venir a los cultos y nada más, sino que debemos usar nuestros dones y predicar con alegría y esperanza, puestos a los pies del Señor para que Él nos use como quiera, sabiendo que nuestro trabajo no es en vano porque en este mundo hay mucha necesidad del Evangelio, de una razón para vivir firme y verdadera.

Que El Señor nos bendiga.

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