22 de noviembre de 2017

Próximo reparto de alimentos

Os anunciamos que, como en años anteriores, nuestra congregación va a colaborar en el reparto de alimentos con el Programa de Ayuda Alimentaria del Fondo de Ayuda Europea Para las Personas más Desfavorecidas (FEAD).

Cristo ayudó a la gente, y nosotros como discípulos suyos queremos hacer lo mismo en la medida de nuestras posibilidades.

Aquí tenéis más información sobre día, lugar y horarios:

Reparto de alimentos 2017 11 de diciembre de 9 a 12

En nuestro local el 11 de diciembre, de 9 a 12 de la mañana.

Que El Señor os bendiga.

15 de noviembre de 2017

Cinco panes y dos peces

¿PREFIERES ESCUCHARLO EN VEZ DE LEERLO? AQUÍ TIENES EL AUDIO:

Lectura: Juan 6:1-15

Hoy vamos a pararnos en unos versículos muy conocidos incluso por los que nunca han leído la Biblia, pero que a pesar de ser muy conocidos, tienen detalles en los que no solemos fijarnos y que sin embargo pueden enseñarnos mucho, así que os animo a estar bien atentos.

La Palabra de Dios está ahí para “escarbar en ella”, como decía Alfonso el otro día, porque la superficie está bien, pero si escarbamos sacaremos de ella cosas mucho mejores. Es como una olla de puchero, el caldito de arriba está bien, pero lo bueno, la carne, los garbanzos, la sustancia está en el fondo. Hay que buscar en el fondo y es lo que vamos a hacer y os animo a que en casa hagáis también lo mismo cada día.

Vamos a escarbar y al mismo tiempo nos vamos a ir haciendo preguntas.

CONTEXTO

Jesús viene de haber sanado hace poco al paralítico en el estanque de Betesda, y de haberse presentado como Hijo de Dios delante de todos, incluso de los escribas y doctores de la ley.

Cuando nos paramos en la alimentación de los cinco mil, hay tres frases que Jesús ha dicho justo antes, y que deberíamos de recordar en todo momento, porque nos ayuda a entender por qué Jesús hizo luego lo que hizo. Están en Juan 5:36-37, :

- "Yo tengo mayor testimonio que el de Juan".
- “Las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado”.
- "El Padre que me envió ha dado testimonio de mi".

Para Jesús el propósito de los milagros es dar testimonio. Esa es una palabra clave en el Evangelio y la palabra clave del día de hoy. Testimonio de que Él realmente venía de Dios y que era el mismo hijo de Dios, mayor que Juan y que cualquier otro profeta (ver Juan 6:14).

Ahora acaba de cruzar el mar desde Jerusalén a la otra orilla, a un monte para predicar. Si miramos lo que se cuenta de este mismo momento en Mateo 14, Marcos 6 y Lucas 9, vemos que este monte está en un lugar desierto, en la ciudad de Betsaida, y que Jesús se quiso apartar allí con sus discípulos porque estaban cansados después de todo un día predicando por la zona, enviados por el propio Jesús. Sin embargo, la gente los reconoce y les persigue, y en vez de descansar, Jesús se dedica a sanar a los que se le acercaban y a seguir enseñándoles.

DOS CLASES DE PERSONAS (versículos 1-3):

Aquí nos damos cuenta que Juan diferencia entre dos clases de personas

- La multitud que seguía a Jesús.
- Los discípulos que se sentaron a su lado.

¿Por qué hace Juan esta distinción? Porque no todos estaban buscando lo mismo:

- Una multitud, la inmensa mayoría, sabían que Jesús había hecho milagros hace poco en Jerusalén, que había sanado enfermos y podía sanarles también a ellos, o puede que no tuvieran ninguna enfermedad pero aún así querían asistir al espectáculo de ver cómo un enfermo sanaba. O tenían hambre y pensaban que Jesús les daría de comer. Buscaban cosas materiales.
- Un pequeño grupo, la inmensa minoría, sabían que Jesús era el hijo de Dios y buscaban de él su enseñanza, un fundamento para sus vidas, y se sentaron lo más cerca posible de él para aprender. No querían nada físico, ni ver un espectáculo, buscaban alimento espiritual.

Esto nos lleva a una PRIMERA PREGUNTA:

¿Qué buscamos nosotros de Dios? ¿Qué esperamos recibir hoy en este lugar?
- Mucha gente viene buscando consuelo, porque los hermanos de la iglesia le tratan bien.
- Otros vienen buscando consejo, porque cree que en la iglesia hay personas sensatas que les pueden ayudar.
- Otros buscan alimentos, cuando llega el camión del banco de alimentos o de la Cruz Roja.
- En congregaciones carismáticas hay quien busca el espectáculo, ver cómo los hermanos hablan en lenguas o hacen sanidades, o en cualquier congregación van a ver a ese hermano o hermana que canta tan bien o que predica tan bien.

Esto no es suficiente. El propósito de Cristo no era dar espectáculo ni sanar enfermos, ni dar de comer a la gente, ni siquiera enseñar. El propósito de Cristo era y sigue siendo cambiar vidas.

La iglesia, entendida no como un edificio sino como todos y cada uno de nosotros los creyentes, somos instrumentos de Cristo para hacer discípulos, para que gente que no tiene un fundamento en sus vidas, que vive de manera desordenada o sin rumbo, puedan ser transformadas en personas con un propósito claro, fundamentado en el Evangelio. Para que la gente de esa multitud, pase a sentarse al lado de Cristo.

Me doy cuenta del poder de Jesús pensando en mí mismo. ¿Por qué yo era antes de una manera y ahora soy de otra totalmente diferente? Por el poder de Dios y su Palabra, porque acepté a Cristo en mi corazón y él me transformó haciéndome una nueva criatura, cambiándolo todo, desde cero, tanto mi manera de pensar como mi manera de vivir. Dejé de ser multitud.

Te invito a dejar de ser de esa multitud que o no busca nada, o busca de mala manera, para pasar ser un discípulo de Jesús sentado cerca de él, que experimentes esa transformación tú mismo.

Ahora hay tres cosas en este episodio, una más llamativa y otras dos en las que casi nunca nos fijamos, pero que tienen una importancia muy grande desde el punto de vista práctico para nosotros:

1. Cristo sacrificó su descanso y el de sus discípulos por el bien de la gente.
El motivo fue la compasión como vemos en Marcos 6:34. Les vio “como ovejas que no tienen pastor”. Cristo se da cuenta de la necesidad de las multitudes, esas que no tienen pastor, y además sabe cómo suplir esa necesidad y quiere hacerlo (Juan 6:5-6).

Además, llama la atención que Jesús no hace el trabajo solo. Él nunca trabajó solo, sino que hace que los discípulos trabajen con él. Esta vez les pide que distribuyan a la gente por grupos y que empiecen a repartir la comida (Juan 6:10-11).

Jesús y los discípulos estaban cansados, no habían ido a predicar en coche, ni siquiera a caballo o con un burro o un asno, ellos hacían esos caminos a pie, caminos sin asfalto y llenos de piedras, así que seguro que estaban muy cansados. De hecho si leemos Marcos 6:31, el motivo de subir a aquel monte no era el de predicar, sino el de descansar. Pero Jesús sacrificó su descanso y el de sus discípulos para pastorear a esa gente, porque sintió que tenían necesidad.

Esto nos lleva a una SEGUNDA PREGUNTA:

¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestro tiempo y nuestras fuerzas para la obra de Dios, aunque nos queden pocas?

La vida cristiana no es sólo creer, va mucho más allá, es un modo de vida que implica trabajo, cansancio, sacrificio. En la iglesia no debe tener lugar la comodidad, tú y yo somos parte de esa iglesia.

Cristo no trabaja solo, siempre pide que sus discípulos también se pongan manos a la obra. Y ahora sus discípulos somos nosotros.

Esta historia me recuerda Pepe, el que ha sido pastor de Sanlúcar durante tantos años. Una vez mis padres me contaron que a finales de los años setenta, llegaba a su casa sucio, cansado de trabajar en el campo desde muy temprano, y se encontraba allí a dos jóvenes que eran mis padres, con muchas preguntas anotadas, y en vez de decirles que volviesen otro día porque estaba hecho polvo, sacrificaba su tiempo y las pocas energías que le quedaban para dedicarlas a ellos. Y eso dio su fruto.

¿Estamos cómodos? Entonces preocupémonos, porque es señal de que algo estamos haciendo mal. ¿Te pasa todo lo contrario? ¿Te duelen los pies? Alégrate, vas por el buen camino. La vida cristiana es así.

2. El joven que ofreció sus cinco panes y dos peces.

Todos nos fijamos en esos cinco panes y dos peces que Jesús multiplicó, pero ¿es que nadie se fija en el joven que los ofreció? Porque nadie se los quitó por la fuerza, él los ofrece voluntariamente. Normalmente es algo que pasa desapercibido, no se le da importancia a ese joven, que probablemente era uno de los discípulos, y que tenía una cosa totalmente insignificante. (Juan 6:8-9).

¿De qué iban a servir cinco panes y dos peces? Pero con ellos Cristo alimentó a cinco mil hombres, y en Mateo 14:21 dice que había mujeres y niños, es decir: eran mucho más de cinco mil personas.

Dios hace grandes cosas con siervos pequeños, si esos siervos están dispuestos a ofrecer lo que tienen.

Esto nos lleva a una TERCERA PREGUNTA:

¿Estamos dispuestos a ofrecer al Señor lo poco que tenemos?
Podemos sentirnos impotentes, indefensos, débiles, que llevar a la práctica la vida cristiana en un momento dado nos viene grande, que es demasiado, pero Dios nos invita a ofrecerle lo poco que tenemos, y con eso Él se encargará de hacer algo grande. Ten en cuenta una cosa: No somos débiles por casualidad, es que tiene que ser así para la gloria de Dios (1ª Corintios 1:26-27).

El Señor utiliza las cosas pequeñas y a los discípulos humildes para demostrar su poder. No lo hace porque no hay más remedio o porque no tiene alternativa, sino que El Señor escoge expresamente a discípulos pequeños, humildes, débiles, para que de esta forma sea su poder y no el nuestro el que dé testimonio.

¿Qué hubiera pasado si un hombre millonario hubiera llegado con un carro lleno de peces y de pan? Pues que no hubiera existido ningún milagro, y hoy no estaríamos aquí hablando de esto porque nadie se acordaría.

Además, en 1ª de Corintios tenemos una promesa del Señor maravillosa: Que por medio de nosotros, Él avergonzará a los sabios y a los fuertes.

3. Al final acabó sobrando más de lo que el joven tenía en un principio. (Juan 6:12-13).

El joven sólo tenía cinco panes, pero Jesús no sólo multiplicó aquello para que más de cinco mil personas comieran, sino que al final en vez de cinco panes, acabó teniendo doce cestas llenas de pan, es decir, ¡mucho más de lo que tenía al principio! Si hubiera sido un inversor, podríamos decir que este joven hizo un buen negocio. Fue "un pelotazo".

Cuando ofrecemos lo poco que tenemos al Señor, él nos bendice con mucho más. Y no sólo me refiero a cosas materiales, también hablo de tiempo y de energía. Es un buen negocio.

Muchas veces El Señor nos sorprende, y llega mucho más allá de lo que podamos pensar. Pero para llegar a ese punto tenemos que hacer dos cosas:

1ª.- Tener fe en Él. Lo que Jesús pedía era absurdo, ¿Esa comida entre miles de personas? Si los discípulos hubieran decidido irse a descansar en vez de obedecer a Jesús y no empezar a repartir esa ridícula cantidad de pan, no habría sucedido ningún milagro.
2ª.- Ofrecerle todo lo que tenemos. El pobre chaval habría traído algo de comer pero para él, o a lo mejor para algún amigo o familiar que le acompañaba. Entregándolo a Jesús se estaba quedando sin comida, es decir, se estaba arriesgando a irse a casa con el estómago vacío. Pero aún así lo ofreció. Si no lo hubiera hecho, si hubiera dado la causa por perdida pensando que era absurdo, él y quizá los pocos que venían con él habrían comido, sí, pero tampoco habría sucedido ningún milagro.

CONCLUSIÓN.

Para terminar, te invito a recordar las cuatro preguntas que nos hemos hecho en el día de hoy y a darles una respuesta sincera, hazlo en casa con tranquilidad, porque responder bien nos puede cambiar la vida:

  • ¿Qué buscamos nosotros de Dios? 
  • ¿Estoy dispuesto a sacrificar mi tiempo y mis fuerzas para la obra de Dios? 
  • ¿Estoy dispuesto a ofrecer al Señor lo poco que tengo con fe? 

Por último, fijaros que todos se acuerdan de los panes y los peces, pero nadie se acuerda de este joven que los ofreció. En el Evangelio no se habla nada de él, ni su nombre, ni de dónde venía, ni siquiera se aclara si era un discípulo o no, sólo que estaba por allí y que tenía esa poca comida.

No se habla de él porque en realidad no tiene importancia. Nosotros no estamos llamados a destacar en la obra de Dios, nuestro objetivo debe ser que la gente que no conoce a Dios se fije en el poder del Señor, y no en nosotros. El protagonismo y la gloria son sólo para Dios. Esta es una parte de la iglesia del Señor, no la iglesia de un pastor o de un hermano.

Una vez más, Cristo es nuestro ejemplo. En los v. 14 y 15 dice que la gente, cuando fue consciente del milagro que Jesús había hecho, intentaron hacerle rey, pero Jesús no vino para ser un rey, sino para ser un siervo. Por eso se fue otra vez al monte solo.

Esto nos lleva a una CUARTA Y ÚLTIMA PREGUNTA:

¿Estamos dispuestos a ser siervos de Dios?
Me imagino el gozo que sentiría ese joven viendo que lo poco que tenía había servido para alimentar a miles de personas, y que sobre todo había servido para manifestar la gloria de Dios. Seguro que le mereció la pena. No sé vosotros, pero si yo pudiera estar allí y elegir personaje, hubiera elegido ser este chaval. Humilde, anónimo, pero todo un privilegiado.

Ahora hermanos, nosotros también podemos ser privilegiados viendo de primera mano el poder de Dios manifestándose por medio de nuestras vidas. La forma de conseguir esto no ha cambiado en más de dos mil años, sigue siendo la misma porque Dios también sigue siendo el mismo. Si quieres ver el poder de Dios manifestándose en tu vida y en la de los que te rodean:

1º.- Ten fe.
2º.- Ofrece al Señor todo lo que tienes.

¿Somos pocos? ¿Somos débiles? Bien, es buena señal, porque de esta forma toda la gloria será para Dios. "Cinco panes y dos peces", un buen lema que nos vendrá bien recordar siempre.

EES

29 de octubre de 2017

Día de campo

El miércoles 1 de noviembre vamos a pasar el día en el Pinar de La Barrosa. Allí almorzaremos y pasaremos una buena tarde en comunión. Si quieres venir, estaremos cerca de la zona de juegos infantiles 😃



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6 de octubre de 2017

Vigilia de oración

Aquí tenéis la invitación a nuestra próxima vigilia de oración. Será el 6 de octubre a partir de las 20:00. 
El Señor quiere que su Iglesia esté unida en la oración y que acudamos a Él no sólo con peticiones, también con motivos de gratitud. Y eso es lo que vamos a hacer: Alabarle, orar y, por supuesto, pasar un tiempo de comunión cenando con los hermanos.

¿Vienes?

Invitación a la vigilia de oración 6 de octubre a las 20:00

29 de mayo de 2017

La enseñanza evangélica en las aulas

¿Sabes que como padres tenemos la posibilidad de que a nuestros hijos se les imparta enseñanza religiosa evangélica en sus colegios? Aquí tienes un video que explica en qué consiste y cómo solicitarlo.

14 de abril de 2017

Como la palmera


Lectura bíblica: Salmo 92 y Efesios 4:11-15.

La mayoría de las veces oramos al Señor para pedirle algo, o para poner delante de él una cosa que nos preocupa, pero nos olvidamos de darle las gracias. Precisamente el Salmo 92 es un canto de acción de gracias a Dios por sus obras, y que se utilizaba el día de reposo (versículos 4 y 5).

No sabemos cuál era la música, pero tenemos la letra inspirada por Dios que nos enseña que lo que él hace con nosotros es como para gozarse. Gozarse es más que estar alegre, implica además de eso el disfrutar pensando en ello, recordándolo. ¿Qué ha hecho Dios para que tengamos motivos de estar con ese gozo?

Dice el versículo 6 que el que no cree en Dios no entiende estas cosas, es decir, no es capaz de entender cuáles son las obras y los pensamientos de Dios. Pero los que hemos sido salvados por la muerte y resurrección de Cristo, sí que podemos hacerlo.

El motivo de gozo, la idea principal sobre la que gira este Salmo y en la que me quiero centrar, es que el que fundamenta las raíces de su vida en Dios, es prosperado por encima de todo y para siempre.

Vamos a ver en qué sentido entendemos aquí la prosperidad y para ello nos vamos a ir a un versículo clave que es el 12; sobre todo una frase que os recomiendo que aprendáis de memoria: “El justo florecerá como la palmera”.

Hay algunas predicaciones de La Palabra que recuerdo especialmente con cariño: Una es la que preparó mi tío Paco sobre la hormiga, que tuvo tanto éxito que hasta hizo una segunda parte, y otra ocasión hace también muchos años en la que mi padre predicó sobre la palmera. No me acuerdo de la mayoría de su contenido, pero sí que se me quedaron grabadas hasta el día de hoy un par de cosas que he recordado en momentos puntuales de mi vida, y que me han sido de mucha bendición.

Vamos a aprender de un árbol que es capaz de vivir en un lugar desierto, haciendo posible al mismo tiempo la vida a la gente que está alrededor, y veremos el paralelismo entre la vida de una palmera y la de un cristiano. La primera impresión es que no nos parecemos mucho, pero si miramos bien, somos casi idénticos:

1. EL CRECIMIENTO.

La palmera crece en el desierto, donde ningún otro árbol sería capaz de conseguirlo. Además lo hace de una forma poco común, porque no suelen tener ramas laterales, sino que el tronco va subiendo recto y en lo más alto es donde le salen las hojas y los frutos. Algunas palmeras llegan a tener hojas de hasta 25 metros de largo, las más grandes del reino vegetal.

De igual forma el cristiano crece en su relación con Dios, en un mundo que está desierto, que no quiere saber nada de Dios y que vive haciendo todo lo contrario a los caminos del Señor, lo que le da la gana.

No es fácil vivir así, en un mundo seco y sin Dios los cristianos corremos el peligro de acabar secándonos y siguiendo la corriente a todos los que nos rodean, haciendo como ellos lo que nos da la gana o lo que nos pide el cuerpo. Pero El Señor nos ha preparado no sólo para mantenernos vivos o para sobrevivir a duras penas, sino a ir mucho más allá: a crecer como la palmera directos hacia arriba. Entendemos mejor qué significa esto leyendo Efesios 4:11-13.

Crecer hacia arriba significa:

1º.- El objetivo: Perfeccionarnos, estar cada día mejor preparados para edificar la iglesia (el cuerpo de Cristo).
2º.- Las herramientas: Utilizar para ello los dones que él nos ha dado.
3º.- El secreto del éxito: Tomar a Cristo como modelo.

Hay que tener cuidado de no gastar energía y tiempo echando ramas laterales, mirando lo que hacen los demás. Todo nuestro esfuerzo se debe centrar en mirar hacia arriba, donde está Cristo.

Acude todos los días a las Escrituras para conocer cada día mejor lo que Cristo enseñó e hizo para imitarlo, y examínate a ti mismo cada día para ver qué hay en nuestra vida que tiene que ser mejorado. Así es como el cristiano es prosperado en su día a día.

Aparentemente hacer lo que nos pide el cuerpo es más fácil. Pero a la gente que hace eso le ocurre lo que a la yerba en los versículos 7-9 de este salmo: En el desierto casi nunca llueve, pero cuando caen dos gotas, en seguida se llena de yerba y de flores, y se pone muy bonito. Eso pasa también en el arena seca de la playa. Esa yerba crece en un momento y se extiende rápidamente sin problema, no como la palmera que su crecimiento es muy lento y a base de mucho esfuerzo.

Sin embargo esa yerba que nace de repente, también muere de repente a los pocos días, se seca y al final el viento la esparce y desaparece, porque deja de llover y se queda sin alimento. Pero la palmera permanece ahí de pie, apuntando al cielo, y destaca como un punto verde entre toda esa sequedad que le rodea.

Los hijos de Dios permanecemos no porque seamos mejores que los demás, sino porque nuestro crecimiento se fundamenta en Cristo, al que no perdemos de vista. No es fácil pero es mejor. Con El Señor vamos creciendo poco a poco, y por su gracia nos vamos perfeccionando.

Como el sastre que hace un traje a medida, Cristo es nuestro modelo y nuestra medida (Efesios 4: 13, “A la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. No debemos parar hasta que el traje nos quede perfecto. Es un proceso lento pero continuo, que dura toda la vida, pero en ese proceso también El Señor nos va haciendo cada vez más fuertes, y nuestras hojas y nuestros frutos también más grandes y abundantes (versículo 14 del Salmo 92).

2. EL ALIMENTO.

La palmera busca el agua con sus raíces yendo a lo más profundo de la tierra y en todas direcciones, y hasta que no la encuentra no para. Puede llegar a tener raíces de hasta veinte metros de longitud, de las más largas que existen. Además, las apariencias engañan porque aunque una palmera pueda parecer pequeña, una de dos metros de altura por debajo ya puede tener muchos metros de raíces.

Recordad la idea principal sobre la que estamos tratando: el que fundamenta las raíces de su vida en Dios, es prosperado por encima de todo y para siempre. El cristiano que planta sus raíces firmes en Cristo es prosperado. Y este es el motivo de gozo del que hablamos al principio cuando leímos el versículo 4.

Es cierto que en este mundo no es fácil centrarse en Cristo porque la mayoría de la gente que nos rodea vive haciendo todo lo contrario, pero El Señor nos llama a ser perseverantes. Al final, igual que la palmera que no se rinde, y echa metros y metros de raíces hasta que logra su objetivo, Dios nos promete que si le buscamos le encontraremos (Efesios 4:15-16).

“Siguiendo la verdad en amor, crezcamos”: Buscando el agua con nuestras raíces.

Todo el mundo busca la verdad para seguirla. Por eso la mayoría de la gente tiende a poner su confianza en algo o en alguien. Unos confían en sus padres, otros confían en los políticos, otros en algún famoso, algún filósofo o en los científicos. Todos tienen opiniones diferentes y a veces hasta se pelean entre ellos porque no se ponen de acuerdo.

Pero la auténtica verdad sólo está en Cristo. Las Escrituras no sólo nos hablan sino que giran alrededor de Él, y por eso tienen que ser la base sobre la que vivamos, sintamos, pensemos y tomemos nuestras decisiones cada día. Entonces es cuando se hará realidad lo que dice el versículo 13 de este Salmo.

Echando raíces sobre Aquel que dice la verdad y que no falla, entonces floreceremos como la palmera:

1º.- Porque tendremos un propósito claro para nuestra vida, en los momentos buenos y en los malos.
2º.- Porque cuando dudemos podremos acudir a la Palabra para buscar seguridad de qué es lo correcto.
3º.- Porque cuando suframos podremos ir al Señor en oración y él nos escuchará y actuará.

3. EL FRUTO.

El fruto de la palmera es el dátil. Suele ser la parte más llamativa del árbol por su color y a veces por su olor. Pero para conseguirlo hay que escalar hasta la parte más alta porque sólo está allí. Además, es muy dulce, y dentro de ese fruto está la semilla de la que nacen nuevas palmeritas.

Una curiosidad: La Lodoicea maldivica, de las islas Seychelles, tiene la semilla más grande de todo el reino vegetal, que llega a pesar hasta 45 kilos.

Fijaros que a la palmera le gusta lo grande: tiene las hojas más grandes del mundo, de las raíces más largas que existen y también la semilla más grande que se conoce.

Pues el cristiano ha sido llamado a dar fruto. Pero no un fruto cualquiera, sino a lo grande.

Los cristianos hemos recibido la vida gracias a la muerte y resurrección de Jesús pero con un propósito. Ese propósito, esa misión la tenemos en el versículo 15: “Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia”.

Como resultado natural del alimento que recibimos de Cristo, los cristianos vamos a compartir de esa fuente de vida discipulando a otros, como dice en Mateo 28, “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” y ese es el fruto dulce que El Señor quiere de nosotros.

Nuestra vida tiene un orden, un propósito y un objetivo claro. Y ese objetivo lo podemos llevar a cabo gracias a que tenemos claro quién es nuestro modelo a seguir: Cristo. Y eso es lo que nos hace florecer, dar fruto y permanecer firmes hasta el final, no como la hierba que se seca en cuanto termina la lluvia.

Pero para conseguirlo no podemos quedarnos en la arena caliente del desierto, dejándonos llevar por lo que piensa este o aquel, o por la moda del momento, o según si las cosas nos van bien o no. Lo interesante no está en la arena, sino por debajo y por encima:

Mientras por debajo seguimos buscando el agua de la Palabra de Dios que nos alimenta, al mismo tiempo crecemos hacia arriba, “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, lo más alejado posible de nuestra antigua manera de vivir, y entonces, allí en lo más alto, será cuando daremos fruto.

Gálatas 5:22-25:

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.

Los cristianos no crecemos ni nos alimentamos sólo para nuestro propio beneficio, no podemos quedarnos callados ni parados, sino que debemos compartir esa bendición con todos los que nos rodean, para plantar en ellos la semilla que les permita convertirse en otras palmeras, que crezcan y den fruto en Cristo, y que dejen de ser yerba que se seca al sol sin ni siquiera darse cuenta, para convertirse en árboles fuertes que destaquen desde lejos en este mundo desierto.

No es sólo vivir, es también andar. Hay que moverse, dice El Señor. Entonces seremos prosperados, y experimentaremos el gozo del que se habla en este Salmo.

4. LA RESISTENCIA.

La palmera se inclina cuando sopla fuerte el viento en las tempestades, y eso lo hace uno de los árboles más resistentes del mundo.

Algo que no yo sabía hasta que estuve investigando en esta semana: Las palmeras no son exactamente árboles, sino más bien hierbas, y por ese motivo no tienen como otros árboles los típicos troncos con anillos que sirven para calcular su edad, sino que tienen troncos de fibra mucho más blanda que la madera y que al mismo tiempo la hace mucho más flexible que un árbol. De esta forma puede doblarse cuando hay una tormenta. Así que no es de extrañar que después de un huracán, si queda algún árbol en pie, lo más probable es que sean palmeras.

De igual manera, La fortaleza del Cristiano no está en sí mismo, tampoco se da la gloria a sí mismo diciendo: “qué bueno soy, soy mejor que la gente del mundo”, “soy más bueno que ese o que aquel”, sino que siempre y sobre todo en las dificultades en humildad se inclina a Cristo, y ese es el origen de su fortaleza (versículo 14).

Los cristianos no sn inmunes al dolor, tienen que vivir en el desierto y pasar el calor y sufrir el huracán como los demás, la diferencia está en que cuando lo pasamos mal y vemos que no podemos aguantar, cuando vemos que se nos escapa algo de las manos, no tratamos de resistir con nuestras propias fuerzas, sino que nos inclinamos ante Cristo, y de ahí viene nuestra fuerza. Da igual que el tronco se doble, no se va a romper, porque nuestra verdadera fortaleza no está en el tronco sino en las raíces, que reposan sobre la roca que es Cristo, nuestro modelo, nuestra verdad.

Aunque seamos pequeños, unas simples palmeritas de dos o tres metros de altura, que van creciendo poco a poco en un lugar seco, somos los más poderosos de todos los árboles de la tierra, porque la fuerza que tenemos no es nuestra, viene del Señor, sobre el que hemos fundamentado las raíces de nuestra vida, y gracias a esa fortaleza y al alimento que él nos va dando a través de la Palabra, no hay ni habrá nada que nos pueda tirar abajo.

Espero que ahora podamos entender por qué el que fundamenta las raíces de su vida en Dios, es prosperado por encima de todo y para siempre.

Recuerda hermano: “El justo florecerá como la palmera”. Que El Señor te bendiga.

6 de enero de 2017

El camino a Emaús

Lectura bíblica: Lucas 24:13-35

Hoy vamos a pararnos en un momento que vivieron dos personas muy cercanas a Jesús, es la historia de dos discípulos que van por un camino en dirección a Emaús, una aldea que estaba a unos once kilómetros de Jerusalén.

Estos dos hombres habían seguido a Jesús durante su ministerio, y formaban parte del grupo de discípulos más cercanos a Él. Lo último que podían esperar era que Jesús muriese, así que lo que habían vivido les había dejado totalmente sorprendidos. Ahora tenían miedo porque no sabían que iba a pasar con ellos, estaban también desorientados, no sabían qué hacer a partir de ahora, y además estaban muy tristes, porque habían perdido a un maestro al que admiraban.

Dice en Lucas 24:14 que ellos "iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido" Vamos a empezar viendo a qué cosas se refiere Lucas.

CONTEXTO.

Era el tercer día después de la muerte de Jesús, que acababa de resucitar. Varias mujeres de entre sus discípulos fueron a la tumba para preparar el cuerpo, cuando vieron que el cuerpo del Señor no estaba. Allí mismo se les aparecieron dos ángeles que les dijeron que Jesús había resucitado. El mismo Jesús se apareció primero a María Magdalena y habló con ella (Juan 20:15-16) y luego al resto de mujeres.

Cuando las mujeres vieron a Jesús, inmediatamente fueron corriendo al lugar donde estaban los demás discípulos para darles la noticia, pero ellos no les creyeron. Entre esos discípulos estaban los dos que iban por el camino a Emaús. De ellos sólo sabemos que uno se llamaba Cleofás.

TODOS, incluso los propios apóstoles, llegaron a pensar que se habían vuelto locas (Lucas 24:11). De todas formas, escuchando lo que las mujeres decían, Pedro y Juan fueron corriendo a la tumba, comprobaron que el cuerpo no estaba, y volvieron también a la casa para contarlo, pero ni aun así creyeron que Jesús hubiera resucitado.

Yo me hago esta pregunta: ¿Cómo podía ser que después de tres años con Jesús, y haber escuchado varias veces de su propia boca que le matarían y que resucitaría al tercer día, no creyeran, y más sabiendo lo que decían los profetas? El problema es que no habían entendido las escrituras (Juan 20:9):

"Porque aún no habían entendido la escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos".

Por eso creían que lo que las mujeres les estaban contando era imposible, y ni siquiera se acordaban de que les había dicho que resucitaría.

Volviendo al camino, vemos que estos dos discípulos se marcharon de la casa donde estaban los demás, tristes, hacia la aldea de Emaús, hablando de todo esto que había pasado en las últimas horas: la crucifixión, la noticia de las mujeres, lo que luego contaron Pedro y Juan etcétera, y por supuesto estaban asustados, sin saber qué podría suceder en el futuro.

Tuvo que ser un tiempo muy difícil para ellos, porque un maestro al que respetaban de repente es crucificado y muere. No se lo esperaban, y no entendían nada de lo que estaba pasando.

Aquí tenemos algo que aprender en el día de hoy: su falta de conocimiento y su incredulidad tuvieron consecuencias directas e inmediatas en sus vidas:


  • Miedo.
  • Inseguridad.
  • Incapacidad.
Esto es lo que cosecharon en su viaje hacia Emaús, pero todavía más importante es que supieron deshacer ese camino y volver al lugar correcto. El recorrido de ese viaje de regreso a la Jerusalén espiritual podemos verlo ilustrado a través de tres preguntas clave, en las que vamos a meditar:

1ª PREGUNTA: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" 

Esa fue la pregunta que los ángeles hicieron a las mujeres cuando fueron a la tumba (Lucas 24:4-5). Y esto es lo que les pasaba a ellas y a todos los demás discípulos, incluídos estos dos hombres. Buscaban a Jesús en el lugar equivocado.

Eran totalmente incapaces de compartir el mensaje del Evangelio, porque ni siquiera sabían que Jesús estaba vivo, no sabían qué significaba la muerte en la cruz, y eso les llevó a perder el tiempo lamentándose sin necesidad alguna.

¿Cuántas veces nos habremos lamentado nosotros mismos y habremos sufrido sin necesidad? ¿Cuántas veces habremos pensado que Dios no hace nada para ayudarnos cuando aparecen problemas que no esperábamos, sin darnos cuenta de que él ya tiene prevista una solución?

Ellos estaban encerrados en una casa con miedo, buscando a Jesús entre los muertos, cuando en realidad la tumba estaba vacía. Y su falta de entendimiento de las escrituras les llevaba a la incredulidad, y esa incredulidad tampoco les permitía entender, así que estaban en un callejón sin salida.

Hay mucha gente que busca a Dios donde no puede ser hallado. Algunos buscan en otras religiones, otros se apoyan en sus propios razonamientos, y otros simplemente no buscan porque piensan que no hay Dios, y todos ellos caminan hacia Emaús por un callejón sin salida, con unas vidas sin propósito ni fundamento, porque no se están apoyando en la roca veradera.

En este mundo hay mucha necesidad de Cristo, y de personas que sean capaces de compartir su mensaje de amor, salvación y esperanza. Nosotros como Iglesia de Cristo, como discípulos suyos, tenemos que esforzarnos en estar plenamente preparados para conocer, para entender y para compartir el mensaje del evangelio. Porque no podemos ir y hacer discípulos a todas las naciones, como él nos mandó, si vivimos sin conocer ni comprender su Palabra. Y para conocer y comprender su Palabra tenemos que hacer dos cosas:

1º Estudiarla.
2º Ponerla en pŕactica.

Si no hacemos estas cosas, nos convertiremos en siervos inútiles. Simpatizantes que vienen los domingos y algunos los jueves a la iglesia y poco más. Pero eso no es suficiente para ser un verdadero discípulo de Cristo. Dios quiere de nosotros mucho más. Y si nos sentimos incapaces para conseguirlo, no debemos preocuparnos. Si de verdad queremos seguirle, él nos va a capacitar para ello. Igual que hizo con los dos de Emaús. Sólo tenemos que conocer y practicar La Palabra.

La segunda pregunta la hizo Jesús:

2ª PREGUNTA: "¿Por qué estáis tristes?"

Lucas 24:15-17. En medio de esta situación tan complicada para los discípulos, Jesús les dio el encuentro e hizo tres cosas:

1ª. Les escuchó.
2ª Les acompañó.
3ª Les enseñó.

Jesús vuelve a hacer lo mismo que hizo con aquel paralítico en el estanque de Betesda: como no le podían encontrar porque su ignorancia se lo impedía, fue el mismo Jesús quien toma la iniciativa y va a donde están ellos para sacarles del callejón sin salida (Lucas 24:27).

Tenemos un Dios que se preocupa de nosotros. (Hebreos 4:15-16 – que lo lea un hermano). El Señor se compadece de nuestras debilidades, quiere y además puede ayudarnos.

Estos dos hombres, igual que el resto de discípulos, no confiaron en El Señor. Jesús dijo que iba a resucitar, y las mujeres vinieron diciendo que Jesucristo había resucitado y que la tumba estaba vacía pero aun así siguieron sin creer. Si ellos hubieran creído desde un primer momento que Jesús estaba vivo, ahora estarían felices, gozosos, llenos de esperanza, y sin ningún miedo. Les faltó confianza y eso cerró su entendimiento y además les convirtió en paralíticos espirituales, totalmente incapaces de compartir con nadie el mensaje y la obra de Jesús.

Muchas veces la falta de confianza en El Señor nos trae problemas y sufrimientos innecesarios. Él dice que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:26-28). Lo sabemos, pero qué dificil es mantener la confianza en El Señor cuando las cosas no van como esperábamos y llegan los momentos difíciles.

Dios no dice que todas las cosas nos vayan a salir bien, no somos inmunes a los problemas, pero sí que ha prometido ayudarnos a llevar esos problemas de otra manera. A tener paz en medio de la tormenta, como dice la canción.

En estos versículos tenemos una promesa de paz de parte del Espíritu Santo que vive en nosotros y hace su trabajo:


  • Nos ayuda en nuestra debilidad.
  • Conoce nuestros corazones y nuestras necesidades
  • Intercede por nosotros ante el Padre.
Así que acerquémos a Dios con confianza, en los momentos buenos y en los malos que vendrán. Y busquemos a Dios en el lugar adecuado. No hagamos como los discípulos que en un primer momento le buscaron en el lugar equivocado y tuvo Jesús que presentarse delante de ellos, comer y dejar que Tomás le metiera la mano en las heridas para que creyeran.

La tercera pregunta la hicieron los discípulos que iban hacia Emaús:

3ª PREGUNTA: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros?"

Como no habían entendido nada, Jesús empieza a enseñarles las Escrituras, y todo lo que los profetas hablaban de Él (v. 25-27). Vemos que les dio un repaso completo, para que abrieran los ojos espirituales. Desde Moisés hasta los profetas.

Llama mucho la atención lo que sintieron mientras Jesús les hablaba (v.32). No podían reconocer a Jesús aun estando delante de ellos, su vida pasaba un momento triste, duro, pero nada de eso impidió que sus corazones ardieran con el poder de la Palabra de Dios.

la Palabra de Dios debe arder en nuestros corazones, que ese fuego nos lleve a iluminar nuestras propias vidas por encima de las circunstancias, y que ese fuego también nos lleve a ser luz en las vidas de otros.

La Palabra de Dios no es un simple libro, es un mensaje de poder que cambia vidas, y que hace que nuestro corazón arda y nos lleve a dar testimonio de Dios de una manera irresistible.

Y ahora es buen momento para una cuarta pregunta, esta última pregunta nos la debemos hacer a nosotros mismos:

PREGUNTA DEFINITIVA: ¿Arde en mi corazón la Palabra de Dios? 

¿La tengo presente en cada momento de mi vida, o sólo cuando las cosas me van bien o los domingos por la mañana? ¿La comparto cada vez que tengo oportunidad, o me callo por miedo al qué dirán? ¿Lleva ese ardor en mi vida a que la gente se pregunte qué tengo de especial, o vivo camuflado entre las costumbres de los demás?


Fijaros en lo que hicieron los dos discípulos que iban a Emaús (v.33): 

En cuanto reconocieron a Jesús, y se dieron cuenta de que ese era el motivo por el que sus corazones "ardían" cuando les hablaba, se fueron inmediatamente ("en la misma hora") a donde estaban los otros discípulos, para compartir con ellos lo que les había pasado. Su frialdad espiritual desapareció, ahora "ardían":

  • Ya no estaban tristes.
  • Ya no tenían miedo ni ansiedad.
  • Ya no eran ignorantes de La Palabra.
Por primera vez abrieron sus ojos espirituales y podían entender lo que Jesús les había enseñado no sólo ese día, sino durante todo el tiempo que estuvo con ellos, y eso les llevó a dar testimonio inmediatamente.

Nosotros no podemos ver a Jesús cara a cara, pero eso no significa que El Señor no esté ahí con nosotros. Él mismo lo dijo: 

"Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho". Juan 14:25-26.

Podemos sentirle, su poder, su amor, su compañía, y eso tiene que alejar de nosotros el miedo y la inseguridad, y nos tiene que impulsar a dar testimonio.

Hermanos, no permitamos que nuestra vida se enfríe, el corazón del cristiano tiene que arder, tiene que mantenerse vivo, activo, buscando hacer y entender la voluntad de Dios. Un cristiano no puede quedarse quieto ni conformarse con lo ya tiene, un cristiano tampoco puede callarse, y un cristiano no puede ser ignorante.

Si hemos empezado un viaje hacia el Emaús de la rutina, del cansancio, de la falta de compromiso, siempre estamos a tiempo de deshacer ese camino y volver a la Jerusalén del verdadero discipulado.

No permitamos que nuestra vida y nuestros pensamientos se desconecten:


  • Ni de Cristo.
  • Ni de su Palabra
  • Ni de su misión para nosotros.
El Señor tiene que ser el centro de nuestras vidas, en los momentos buenos y en los malos que vendrán. Puede parecer más cómodo pasar desapercibido en Emaús, pero es mucho mejor que volvamos a Jerusalén y compartamos las bendiciones de Dios con los demás. Porque de esta manera estamos derramando bendiciones en nuestras propias vidas y en las de los que nos rodean. Y este es un camino mucho mejor.

Amén.

E.E.S.