25 de febrero de 2018

Próximo reparto de alimentos

Hola, el próximo reparto de alimentos y entrega de la nueva documentación será el lunes día 26 de febrero en horario de 17'00 a 19'00 h.

Tened presente el nuevo horario de tarde


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10 de febrero de 2018

Disfrutando de las bendiciones de Dios aquí y ahora

Hola, hemos solucionado algunos problemillas con el equipo de grabación, así que volvemos a grabar las predicaciones y a escuchar la voz del hermano, en vez de ese "robot" que habéis estado escuchando recientemente :) Aquí tenéis el último mensaje de Manolo Espada sobre cómo disfrutar de las bendiciones de Dios aquí y ahora (Efesios 1). Que os sirva para edificación.



Si tenéis problemas con el reproductor, podéis oírlo directamente en nuestro canal de Ivoox: http://www.ivoox.com/23669688

Recuerda: Lo maravilloso de las bendiciones de Dios no es sólo lo que nos espera en los cielos, sino la capacidad que nos da de disfrutar con lo ya tenemos aquí en la Tierra. Gloria a Él.

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo" Efesios 1:3.

26 de enero de 2018

15 de enero de 2018

7 de enero de 2018

Naamán el Sirio.

Lectura Bíblica:  2º de Reyes 5 del 1 al 19
¿PREFIERES ESCUCHARLO EN VEZ DE LEERLO?

 PULSA AQUÍ PARA ACCEDER AL AUDIO:

Esta historia cuenta un episodio en la vida de un hombre muy poderoso. Y es interesante sobre todo porque podemos profundizar en el carácter de Dios, y en la manera en que actúa para cambiar la vida de las personas, incluso de las más duras.

Hoy a través de la vida de Naamán vamos a descubrir cuatro grandes verdades, que si llegamos a comprenderlas y aplicarlas a nosotros mismos, cambiarán para siempre y para bien nuestra vida. Empezamos.

Naamán era uno de los principales dirigentes del Ejército de Siria que por aquel entonces era la primera potencia mundial. Como el Estados Unidos de hoy en día. Era un hombre al que le iban bien las cosas. Vemos que el rey le conocía personalmente y le quería mucho porque había tenido éxito en las batallas.

Sin embargo, en esa vida envidiable que parecía casi perfecta había un “pero” (versículo 1). Todo ese poder no le servía de nada a la hora de solucionar un grave problema, y es que sufría la enfermedad de la lepra, que por aquel entonces era incurable, y que seguro que le complicaba mucho las cosas a la hora de hacer su trabajo y de llevar una vida normal.

Está claro que este hombre tenía muchas virtudes, pero también tenía un gran defecto que era la soberbia, como veremos más adelante. Así que en este momento en el que tiene poder pero también una cosa que escapa a su control y que le está complicando la vida, a Naamán le llega la hora de recibir una gran lección.

Esto nos revela una PRIMERA GRAN VERDAD en el día de hoy: Que en esta vida hasta el más fuerte necesita a Dios.

Por muy fuertes que seamos o que nos creamos, siempre tendremos un punto débil, algo que estará fuera de nuestro control y sobre el que no podremos hacer absolutamente nada. Y es entonces cuando nos damos cuenta de que en esta vida dependemos de Dios.

Y cuando nos damos cuenta de nuestras limitaciones, llega el momento de tomar la gran decisión entre tres opciones:

- Opción 1: Seguir con esas debilidades que se escapan de nuestro control y darlo por imposible.
- Opción 2: Tratar de solucionarlo por nosotros mismos.
- Opción 3: Pedir ayuda a Dios.

Este es el cruce ante el que se encontraba Naamán, y había llegado su momento de decidir.

Es curiosa la forma en la que le llega la solución. Este hombre tan poderoso, con tanto dinero, con todos los médicos y los mejores medios del mundo a su alcance, incluso con el mismísimo rey de Siria dispuesto a ayudarle, al final recibe la clave para la solución de su problema de la parte más humilde que gira alrededor de su vida: una de las siervas de su mujer (versículos 2 y 3).

Una simple sierva de un pequeño pueblo insignificante llamado Israel. Seguro que esta mujer era prácticamente invisible en su vida diaria o por lo menos no estaba entre las cosas más importantes para él.

Pero esta humilde sierva le muestra el camino hacia la solución de sus problemas. Un profeta allí en Israel, ese lugar que en comparación con Siria era tan pequeño y pobre. Versículo 3:

“Si rogase mi señora al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.”

Está sierva no tenía ni siquiera el nivel para acercarse directamente a Naamán. Ella tiene que hablar con su señora para que haga de intermediaria y hable con Naamán y le comente lo que ella propone. Y aquí empieza el camino de transformación de Naamán, ese gran general que ahora se siente impotente, decide escuchar a la humilde sierva y tomarse en serio lo que está diciendo para ir al encuentro del profeta Eliseo. De las tres opciones, eligió la correcta: pedir ayuda a Dios.

Dando un salto en el tiempo hacia nuestra propia vida, te pregunto: ¿Has pasado alguna vez por el cruce de Naamán?

Muchas veces nos cegamos buscando la respuesta a nuestros problemas según nuestras propias creencias, o según nuestros propios razonamientos, y nos olvidamos de buscar ayuda en Dios. O lo que es peor: lo damos por imposible y dejamos de buscar. Intentamos de todo, y al final nos damos por vencidos, en vez de simplemente ponernos en las manos de Dios.

Cuántas personas hay hoy en día que tratan de buscar un sentido a su vida, o un equilibrio en sus emociones, o una mejora en sus relaciones con sus seres queridos, o cualquier tipo de consejo, y buscan apoyo en cualquier cosa menos en el Dios verdadero.

Hace unos días alguien llenó mi barrio de tarjetitas que ponía "Maestro Lamín, gran vidente africano". Hasta le dedicaron un artículo en el Diario de Cádiz hace un par de años. Y la gente llama porque está desesperada.

No nos engañemos pensando que esto sólo lo hacen los que no creen en Dios. Quizá no llamemos a este, entre comillas, "maestro, pero los cristianos debemos tener cuidado en no caer en la trampa de pensar que podemos hacer las cosas por nosotros mismos, dejando a un lado a Dios.

¿Dedicamos un tiempo para orar y para mirar en La Palabra antes de tomar decisiones importantes en nuestra vida? De la misma forma, ¿dedicamos un tiempo a la oración cuando pasamos por momentos en los que no sabemos qué hacer?

Tampoco podemos caer en la trampa de dar las cosas por imposible: "Es que yo soy así, a estas alturas no voy a cambiar", "la vida es así, qué le vamos a hacer", y frases similares no deberían tener hueco en la vida de un cristiano ¿Pensamos en qué dice La Palabra antes de pronunciar estas frases?

En el Salmo 32 versículo 8 dice: "Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos".

Naamán empezó bien. En primer lugar, reconoció que tenía un problema que no podía solucionar, y en segundo lugar escuchó a la sierva y creyó sus palabras. Pero todavía le quedaba mucho por aprender. Nos damos cuenta de eso viendo la primera reacción que tiene al saber que hay un profeta en Israel (versículos 4 y 5).

Se va a ver al rey de Siria y reúne joyas, vestidos, oro, plata y una carta de recomendación del propio rey. Con todas esas cosas y con su séquito de caballos y sirvientes, se marcha hacia Israel para pedir ayuda. Pero no va a casa de Eliseo, sino que se va directamente al rey de Israel presentándole la carta de recomendación de su rey en Siria, para que quedase claro que él era un hombre importante y para que le tratasen bien.

Llama mucho la atención el encargo del rey de Siria. La sierva le dice a Naamán que vaya a ver al profeta Eliseo, pero en vez de eso Naamán y su soberbia se van a ver al rey de Israel. Al fin y al cabo, un humilde profeta era poca cosa para este hombre... ¿Por qué no ir directamente al rey? Y con eso lo único que consiguió fue alejarse de la solución a su problema, porque hizo que el rey de Israel le rechazara (versículo 7).

Esto nos enseña una SEGUNDA GRAN VERDAD: Si queremos acudir a Dios, lo tenemos que hacer en humildad.

Tenemos que desprendernos de todo: de nuestro carácter, de nuestras costumbres, de nuestra manera de pensar o de lo que puedan pensar otros, porque delante de Dios estamos desnudos. Entre Dios y nosotros no hay intermediarios, nuestra relación con Dios es personal. Única y exclusivamente entre él y nosotros.

Da igual que pertenezcamos a una iglesia, o que nuestros padres o nuestra familia sean cristianos, o que hayamos hecho muy buenas obras, da igual que los demás consideren que somos buena gente, incluso si el mismísimo rey cree que somos buena gente. Eso no nos va a servir para acercarnos a Dios. Él solo quiere que lo dejemos todo a un lado, incluso nuestras costumbres y nuestra manera de pensar, que reconozcamos que delante de él no somos nada, y es entonces cuando él comenzará la transformación de nuestras vidas de la que habla en Segunda de Corintios 5 versículo 17:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Nuestra relación con Dios tiene que empezar desde cero. Borrón y cuenta nueva. Igual que empieza un recién nacido: DESNUDO.

Ahora Dios le va a dar una segunda oportunidad a Naamán, a ver si esta vez lo comprende: Cuando Eliseo se entera de que Naamán ha ido al rey de Israel para pedir ayuda, el profeta pide al rey de Israel que el general vaya a su casa para atenderle. Es llamativo lo que acaba de ocurrir: la sierva le envía a ver al profeta pero él se desvía yendo a ver al rey de Israel, y entonces Dios le vuelve a llevar por el camino correcto redirigiéndole hacia la casa del profeta.

¿Os dais cuenta de la manera de actuar de Dios?

Nuestra propia vida es muchas veces así. Dios nos muestra el camino, pero nosotros nos empeñamos en desviarnos, y al final acabamos teniendo problemas y necesitando que Dios nos vuelva a llevar hacia el camino correcto. ¿Cómo podemos evitar que esto nos ocurra? Tenemos la respuesta en Hebreos capítulo 12, versículos 1 al 2.

PRIMERO: Despojémonos del pecado y de todo peso, es decir, que hay que desnudarse.
SEGUNDO: “Puestos los ojos en Jesús”.

Dios cumple su parte, como dice el Salmo 32: "Sobre ti fijaré mis ojos". Pero nosotros también tenemos que fijar nuestros ojos en él. Es una mirada de ida y vuelta.

Hay que poner los ojos en Jesús. ¿Y qué significa eso? Significa tener a Jesús como nuestro modelo para todo.

Nos iría mucho mejor en la vida si antes de hacer algo nos planteáramos esta pregunta: ¿qué haría Jesús en mi lugar? También nos iría mucho mejor en la vida si dedicáramos más tiempo a "escarbar” en La Palabra. Porque ahí es donde se nos da a conocer a ese Jesús en el que tenemos que fijarnos. ¿Cómo podemos imitarle si no le conocemos? ¿Qué clase de discípulos somos si no conocemos a nuestro maestro?

Volviendo a la historia de Naamán: fijaros en las palabras de Eliseo, que él no dice que el general vaya a su casa para sanarle, sino que pide que vaya a su casa para mostrarle que en Israel hay profeta (versículo 8).

Eliseo sí que tenía puesto el foco donde tenía que ponerlo. Lo importante no era la sanación de Naamán, sino que por encima de todo eso él quería dar testimonio del Dios verdadero. Por encima de la enfermedad de la lepra, lo importante era la enfermedad del alma del propio Naamán. Él necesitaba a Dios en su vida, necesitaba sacar de su vida el orgullo y sus ideas anteriores, y rellenar ese hueco con Dios.

Aquí podemos aprender una TERCERA VERDAD: Que para mantenernos cerca de Dios tenemos que limpiar nuestro corazón de todo lo demás.

¿Tenemos nuestra mente y nuestro alma llena de Dios, o por el contrario tenemos el corazón lleno de nuestros propios razonamientos, de nuestra manera de ver las cosas, al fin al cabo de nuestra soberbia? Deberíamos examinarnos a nosotros mismos, porque podría ocurrirnos como a Naamán, seguramente él no se dio cuenta de que su corazón estaba lleno de orgullo, pero ese orgullo le estaba alejando de Dios.

¿Hay algo en tu vida que te está alejando de Dios? En los versículos que acabamos de leer de Hebreos nos llama a "despojarnos del pecado y de todo peso que nos asedia". En nuestra vida no sólo hay pecados que nos alejan de Dios, sino otro tipo de peso. El peso de Naamán era la soberbia, pero ¿cuál es el nuestro? Quizá costumbres antiguas, miedos, preocupaciones, sentimientos que no son buenos... Debemos buscar ese peso y si lo hay desnudarnos de él. ¿No te sientes capaz? Pide ayuda a Dios, acuérdate de la primera gran verdad: dependemos de él. Su promesa está ahí:

"Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos".

Esto no quiere decir que tengamos que ser como robots, sin capacidad de pensar o de disfrutar la vida. Los cristianos tenemos nuestras costumbres, aficiones, ideas, proyectos personales... hacemos una vida "normal". Lo que significa es que Dios debe ser el número uno y si hay algo que nos esté impidiendo poner a Dios como el número uno, es hora de sacarlo de nosotros.

Dios dirigió a Naamán por el camino correcto en el sentido físico, pero ahora lo va a hacer en el sentido espiritual. Eso se ve claro en los versículos 10 al 12. Este general tan importante no es recibido directamente por Eliseo, sino que el profeta le envió un mensajero. Y encima lo hace para darle órdenes, que para colmo son humillantes. Porque le dice que se bañe en el Jordán, cuando en Siria había ríos mucho mejores.

El general acostumbrado a ser recibido por reyes y gobernantes, a tener lo mejor de lo mejor, y a ser él quien daba las órdenes, ahora no es recibido por un humilde profeta de un país insignificante, y además es el profeta quien le da órdenes y ni siquiera directamente, sino a través de un sirviente, y  encima las órdenes que recibe son humillantes.

Dios no quería oro, ni joyas, ni dinero, ni nada de Naamán. Sólo quería que se desnudara y que se bañase.

Aquí tenemos una CUARTA VERDAD. Y es que a veces Dios nos pide cosas que no tienen sentido. Pero debemos aprender a desnudarnos delante de Dios, y obedecerle. Nada más.

Hay una frase de un economista que escuché hace poco y que dice que “el origen de la mayor parte de los problemas de la humanidad vienen de que el hombre no es capaz de estar en una habitación a oscuras, sentado y sin hacer nada”.

Y es verdad, muchas veces sucede que hacemos algo y acabamos metiendo la pata. Hubiera sido mejor estarse quietecito.

Las universidades de Virginia y de Harvard hicieron un estudio en el 2014, dejando a un grupo de personas en una habitación a solas, y les pidieron que estuvieran unos minutos sentados sin hacer absolutamente nada. Resulta que casi todas las personas acabaron haciendo trampa: miraron el móvil, se pusieron a escuchar música, o cualquier otra cosa. Y todos coincidían en que lo habían pasado muy mal. Habían sufrido estando quietos.

Y es verdad, ¡qué difícil es dejar de hacer una cosa una vez que pensamos en ello! ¡y qué difícil es hacer las cosas adaptándonos a lo que piensa otro! Eso sí que es complicado.

Aprender a confiar en Dios, y aceptar su voluntad. Nada más...y nada menos. Entonces y sólo entonces, nuestras vidas serán transformadas para bien. Y además recibiremos mucho más de lo que en un principio hubiéramos podido esperar de él. Porque lo importante aquí no era la lepra de Naamán, sino su vida espiritual. Este general soberbio necesitaba una lección, y una transformación en lo más profundo de su corazón. Y era el momento en el que debía decidir entre seguir como hasta ahora, o cambiar para siempre su vida viniendo al encuentro del Dios verdadero.

Naamán quería ser curado de la lepra, sólo eso, pero Dios le dio mucho más: transformó su corazón. Porque tomó la decisión correcta de desnudarse y obedecer. Y en los versículos 13 y 14 vemos el momento exacto en que Dios transforma el corazón del general.

Acabamos de asistir a una conversión. Mi padre comentó hace poco que no recordaba el momento exacto en que se convirtió, sólo el año. Yo recuerdo la época más o menos, verano del 93. A lo mejor vosotros sí que recordáis el día exacto. Lo que estoy seguro es de que Naamán nunca olvidaría el momento exacto en que conoció a Dios: el instante en que se desnudó y entró en ese río. Cuando salió era otra persona (versículo 15).

Fijaros en la cantidad de gente que Dios movilizó para que Naamán llegara a convertirse: la sierva de su mujer, su mujer, el rey de Siria, el rey de Israel, los siervos de Eliseo, sus propios siervos, Eliseo... Esto nos enseña que para Dios Naamán era importante. Yo estuve haciendo un recuento de todas las personas a las que Dios movilizó para que yo me convirtiera, y son más de cien a lo largo de 25 años: Mis padres, Dori, Nicanor, Raquel, Miriam, Ester, Josefa, José, mis profesores de la Escuela Dominical, Eloy, Alfonso, Salvador, los responsables del grupo de jóvenes, Esteban el misionero que conocí en Manantiales de Vida... Para Dios tú y yo somos importantes.

"Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos".

Es una promesa de Dios para nosotros, y Él cumple sus promesas. Él fija sus ojos sobre nosotros, estudia nuestra vida, y al final actúa en ella de la mejor forma para conseguir que nos acerquemos a Él. Lo hizo con Naamán y lo sigue haciendo hoy en día. Y saber que es así tranquiliza y da mucha seguridad.

Por otro lado, esta historia nos enseña a servir. Aquí el personaje más importante no era Naamán ni el rey, ni siquiera Eliseo. El más importante fue la sierva de la mujer de Naamán. Porque si ella no hubiera ido a su señora para ofrecerle la solución, el general nunca hubiera conocido a Dios. Una vez más vemos cómo Dios utiliza a siervos pequeños para hacer cosas grandes. Tú y yo somos siervos pequeños, pero hemos sido llamados a hacer grandes cosas. No por nosotros mismos, sino en las manos de Dios. Para que esto sea posible primero tenemos que desnudarnos, y dejar que sea Dios quien nos ponga el vestido.

Te invito a sentir ese llamamiento de Dios, y aceptar su invitación.

Que El Señor nos bendiga.

¿Se acabó la Navidad?

Hola, hoy 7 de enero oficialmente se acabó la Navidad. Dejamos de escuchar villancicos en las zonas comerciales, la gente ya no se felicita y es raro el que a día de hoy te desea un feliz año nuevo. Volvemos a la rutina...

Pero para los cristianos celebrar la Navidad es nuestra rutina diaria. Celebramos el nacimiento de Cristo todos los días del año, porque él ha dado sentido a nuestra vida y nuestra razón de ser es la de enseñar a todos los que nos rodean su mensaje, ese que se nos revela en el Evangelio.

Ahora que la mayoría nos marcamos buenos propósitos para el año nuevo, te invito a abrir la Biblia y a descubrirlo tú mismo. Que no te lo cuenten 😉

El día 15 celebramos la zambombá en la que nos lo pasamos estupendamente, buena música y buenos polvorones. El domingo siguiente disfrutamos de un buen almuerzo congregacional, y finalmente como todos los años, visitamos a los ancianos de la Residencia de la Cruz Roja.

"Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar, Sobre ti fijaré mis ojos". Salmo 32:8.

Este año más y mejor, en los caminos del Señor.

Por cierto, aquí tenéis algunas fotos del día del almuerzo de Navidad.







20 de diciembre de 2017